Segura de León


Quedan 274 días para las Capeas 2018

Pregón Capeas 2013


¡Buenas noches, Segura!

Dña. Mercedes Cruzada Díaz [Foto: Sánchez Fotógrafo]Dña. Mercedes Cruzada Díaz

¡Buenas noches, mi pueblo!

¡Buenas noches visitantes, que nos engrandecéis con vuestra presencia en esta apertura oficial de las capeas!

Vaquera mayor, zagalas, que como mujeres me arropáis esta noche con vuestra belleza y juventud en este balcón; y sois la representación de esa mujer fuerte, sencilla, salerosa, valiente y hermosa,…, ¡mujer segureña!

Señor alcalde, corporación municipal, autoridades de este pueblo.

Gracias Francisco Miguel por tus palabras tan emotivas y llenas de cariño. Desde que eras pequeño tuve la suerte de conocerte por la amistad que me une a tus padres. Siempre he visto en ti una gran persona. Sólo por oír estas palabras tan bonitas que me dedicas, me alegro de ser pregonera.

Gracias Lorenzo. Cuando me propusiste este cometido sentí miedo y, al mismo tiempo, orgullo. Pienso que no poseo mérito alguno para ello, pero sí creo, en gran medida, que el pregón lo puede hacer cualquiera que tenga pasión sincera por Segura y ojos de fe auténtica por el Santísimo Cristo de la Reja.

Estas dos cosas las reúno y, además, sin tú saberlo al proponérmelo, ni yo al aceptarlo, este año sería especial porque está el Santo Cristo en nuestra parroquia: la Iglesia está celebrando el Año de la Fe y ha coincidido con el cincuentenario de su restauración.

Igualmente –y esto tampoco lo sabíamos- también es un año especial porque las capeas se han declarado como "Festejo Taurino Popular Tradicional". Nuestras características “distintivas” y “singulares” nos apartan de otros espectáculos taurinos populares.

Gracias, porque al mismo tiempo me has dado la oportunidad de pensar, de recuperar mi propia historia y preguntarme lo que el Cristo de la Reja, Segura de León y sus gentes significan para mí.

Es un honor estar aquí esta noche, ante el auditorio más difícil de convencer: “mis vecinos”. Es un honor porque, entre otras cosas, “una” no tiene muchas ocasiones, a lo largo de la vida, de proclamar a los cuatro vientos lo que siente por su pueblo.

No es tarea fácil resumir en pocos minutos lo que significa el Cristo de la Reja y las Capeas para todos los que llevamos a Segura en el alma.

No hay tierra mala ni buena, no hay más tierra que la de uno. La nuestra no es mejor que otras, pero sí tiene algo que la hace diferente, que la hace inconfundible, auténtica en estos tiempos:

¡SU CRISTO, SU GENTE Y SUS CAPEAS!

Que nadie espere de mí alardes literarios, ni ripios floreados, ni retorcida retórica. Yo soy hija de este pueblo y como tal me expresaré: “Que no, ni ná. ¡Masio!, que estoy una mijina añugá”.

Quizás algunos de vosotros y vosotras se pregunten qué razones, para que una mujer como yo, diga el pregón este año. Yo misma debo reconocer que fui sorprendida, aunque ya en mis sueños había sido pregonera, como decía en mi escrito en la revista de hace tres capeas. Entonces pensaba que me darían la oportunidad de hacer presencia de mujer en este balcón -ya la séptima pregonera-, y decir muy alto, en el umbral de estas fiestas:

¡VIVA SEGURA, VIVAN LAS CAPEAS, VIVA EL CRISTO DE LA REJA!

Permitidme que juegue con matices de colores en este pregón que será de ida y vuelta:

Nací en Segura de León, un trece de septiembre, en la calle la China, por lo que una de las primeras palabras que debí escuchar fue: “CAPEA”. Nací en el seno de una familia sencilla, con una fe profunda en el Santísimo Cristo de la Reja.Fe que inculcaron con sencillez a sus tres hijos.

Durante los primeros años de mi vida y en los inicios de los sesenta, el pueblo sufría el éxodo de familias enteras, que debían marcharse a las grandes ciudades en busca de un futuro mejor. En mi familia también sufrimos este alejamiento. Mis primos, con los que jugaba a diario, tuvieron que marchar. Mis tíos, con los que frecuentaba las tierras aledañas a la ermita del Cristo, y con los que fui conociendo el encinar, las dehesas, los pinares, el olivar, o el higueral de mi pueblo, también tuvieron que irse.

Desde este repaso familiar quiero tener un recuerdo especial esta noche a todos los emigrantes.

De mi infancia se me presenta mi escuela, llenas de niñas con babis blancos. Los americanos mandaban libros y leche en polvo que las monjas, con cariño y amabilidad, repartían en el patio del colegio.

Recuerdo las escenas en blanco y negro, donde un pueblo vivía más intensamente en la calle:

Convivíamos la plaza, lugar de encuentro día a día; disfrutábamos el paseo, lugar de juego; nos saciábamos de sus fuentes: la Alcantarilla, la Bejarana, la Carriona, el Pilar Viejo, el Pilar Chico, la Fuente del Caño o la de Santa María. Buscábamos el riesgo en las piedras del Castillo; los días de lluvias nos refugiábamos en los soportales del Ayuntamiento: allí eran nuestras tertulias.

Recuerdo la centralita de teléfono de Remedios Botello, las gaseosas de Guillermo, el puesto de churros de María y Juan, el puesto de chuchería de Rafaela y “Señá Juana” con los pirulines, o las pipas de “Señó Curro”. Las tardes del círculo de Pepa Casquete, donde me encantaba reunirme con las niñas de mi pueblo.

En los primeros televisores, como el de la “casa del cura”, nos reuníamos para ver Rintintín y Bonanza, o la Casa de la Pradera. No habían llegado aún las nuevas tecnologías: ni ordenadores, ni videoconsolas, ni ningún aparato que nos retirara de las calles de Segura, de esos juegos que recuerdo tantas veces a lo largo de mi vida.

Las meriendas por las tardes eran de untar pan con aceite y azúcar, o manteca y azúcar.

Cuando llegaba la noche, y la entonces tenue luz de las escasas farolas, se nos invitaba jugar al escondite, a contar historias, o a corretear entre España y Portugal.Cualquier día normal y corriente poseía encanto de transformarse en algo mágico.

Los veranos en Segura eran de casi cuatro meses, y se nos hacían cortos. Nos bañábamos en la Garrota, en la Pendona,…; veranos felices porque desembocaban en las CAPEAS.

Hacíamos teatros y cobrábamos tres perras chicas, con la finalidad de recaudar dinero para los “chinitos”. A veces, teníamos que devolver el dinero porque se nos iba la luz.

No puedo olvidar un sinfín de amigos y amigas que me ha dado Segura, con los que compartía estos juegos y ahora comparto mi amistad y cariño.

Otras y otros que se marcharon y que esta noche, en el parpadeo de las estrellas remotas, y en el azul profundo, estarán en primera fila escuchando el pregón de su amiga Mercedes. Estarán juntos con todos y todas los que se fueron, y con un montón de nuevas estrellas jóvenes que han marchado este año.

¡QUE VIVAN EN LA MEMORIA ESOS SEGUREÑOS Y SEGUREÑAS QUE YA NO ESTÁN!

En esta visión en blanco y negro recuerdo las trastadas de niñas a la hermana Trinidad, monja que supuso la llegada de una nueva y moderna forma de ejercer la pedagogía, basada en la superación, el estímulo por aprender, conocer y descubrir. Mis ganas por estudiar se complementaron con el ánimo que ella me dio.

La oportunidad de seguir estudiando me la ofreció la “Academia Don Idelfonso Serrano” -como a muchos y muchas de los que hoy me escucháis- y el enorme esfuerzo de mis padres. Continué en el “Instituto Eugenio Hermoso” de Fregenal de la Sierra, siendo la primera mujer segureña, que en transporte público, iba a estudiar por la mañana y regresaba por la tarde noche, cuando la jornada escolar era partida.

El Castillo fue mi lugar de entrenamiento en la enseñanza, donde impartía clases en mis años de estudiante.

Mi carrera de magisterio la hice por “libre”, estudiando en mi casa y examinándome en la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz.

Actualmente, trabajo en el pueblo vecino de Arroyomolinos de León, en la enseñanza de mis queridos adultos, a los cuales les trasmito mis recuerdos de capeas en blanco y negro.

Esas capeas eran vistas desde un “tablaino” que hacía mi padre con Pepín el fotógrafo y Francisco Romero, cerca del portal de la tía Josefita.

Años más tardes, desde el tablao de mis primos, los Díaz; y muchas veces desde el Ayuntamiento, donde mi padre se dedicaba a poner discos de los Hermanos Toronjo y Hermanos Reyes para amenizar un poco la fiesta.

Uno de los espectáculos de capeas era el cine. Recuerdo ayudar, de nuevo a mi padre, a montar las carteleras y pintar la pizarra que anunciaba la película.Me contaba él, que en días de capeas, proyectaba las películas en la plaza desde la casa del “señó” Ramírez.

Ahora las veo desde el tablao que llevamos haciendo cuarenta años. Tablao que hacíamos los amigos y amigas como podíamos, y que actualmente nos lo montan, como si de una obra de arte se tratara, los “Reales”.

En ese tablao hemos compartido muy buenos ratos, desde nuestros años de juventud hasta pasar las tardes con nuestros hijos e hijas, y ahora con nuestros nietos y nietas.

En estos recuerdos me salen, inevitablemente, las figuras de un vaquero (Leonardo “Caldereta”) y un ganadero que conocí muy de cerca, Benito Pina, al que yo llamaba “tío Benito” por la amistad que nos unía.

Su frase que lo hizo famoso,”Ahí está lo que hay”, supone un recuerdo y homenaje al ganadero. Esta frase, que ha pasado a la historia, puede servir para recoger el espíritu y la entrega de estos trabajadores del campo en Segura de León.

¡QUE PERDUREN LOS GANADEROS Y GANADERAS DE SEGURA!

He vivido muy de cerca el afán y el compromiso del ganadero por mis vínculos con mi cuñado Santi y con mis primos los Díaz. Pero, sobre todo, con mi cuñado José Mari, que no hay año que no dé sus vacas.

Siento propia, en estos momentos, la emoción de un ganadero, que desde el balcón de Eufrasia, con lágrimas en los ojos, se despidió de la plaza, de sus gentes y sus vacas:

¡Va por ti, José González, que yo sé que disfrutabas!

Y vuelvo al blanco y negro. En estas escenas recuerdo a los abuelos, a mi abuelo, que trabajaban de sol a sol, que iban con burros y mulas de aquí para allá, con el almuerzo y los serones cargados. El rostro curtido y moreno, como imagen del campesino segureño.

Revivo mis paseos con él desde la Pendona hasta el Matorral, al Valle Rosario, a Ríos, al Pinar, al Barrero o a la Cerca Oliva, que hacían que frecuentáramos la ermita del Cristo de la Reja: cada vez que pasábamos por ella se descubría respetuosamente la cabeza y seguidamente entrábamos.

¡Cómo olvidar las historias contadas por ellos en el calor de la candela!, historias, cómo no, de personajes de capeas: Pinea, “Señó Mariano”, “Señó Manué”, “Señó Sandalio” o Ruperto. Y de vacas y toros famosos, como la Jeringuera, la Centella, el Toro Vinagre o el Toro Topete.

Cómo no recordar a todos esos abuelos y abuelas que por sus años ya no pueden venir a la plaza, pero que siguen la capea desde sus recuerdos. Ellos son la fuente de sabiduría de nuestras fiestas. Con este evocación a mi abuelo quiero hacer un recuerdo especial a todos los abuelos y abuelas de Segura, de los que hemos aprendido tanto de nuestro pueblo y de nuestras capeas.

Ahora soy yo la abuela, y cuento a mi nieto y a mi nieta historias y personajes de capeas como Canuto, Antonio el madrileño, don Carmelo o Platanito… y vacas como la Gacha, la Chaparrina o la Coneja… y también les canto: “a encerrar que se va la tarde”, “esto es una esquina” o “al bote, al bote, la capea de Bigote”.

No se me va de la memoria ese olor a guarrito del bar de la “Algüera,” el sabor del bacalao “guisao” de la Violetera, el escabeche del Canito y las famosas croquetas del bar de Repurgo, así como los helados de Isidro.

Hoy esos olores y sabores continúan desde distintos lugares. El guarrito del Farolito, el bacalao de Pedro Montero, los pollos de la Caldereta y el marisco de Kiko Garduño, los churros de Chamona, el café de Carlos, los dulces de Eloisa y, este año también, los de Chari.

Hablando de olores: ese perfume a soga “mojá”, a maderos, a boñigas de vacas, a tierra… Sí, son perfumes, porque esos olores nos evocan, en otros momentos, los gratos instantes de septiembre.

Cómo olvidar los “guateques” de capeas en casa de Marcelino Linde, donde sus padres nos acogían y cedían el patio con amabilidad, y nos aguantaban hasta que nosotros poníamos el fin a la fiesta.

Me enamoré en Segura, me casé y he tenido la suerte de no separarme, de mi pueblo, desde aquel 13 de septiembre de 1954, sólo por temporadas. He recibido el regalo de ser hija, hermana, esposa, madre, tía, suegra, cuñada y abuela en este precioso pueblo.

Disfruto de pasear por sus calles, de saludar a sus vecinos, de vivir el día a día con las gentes de mi pueblo,gente que es sencilla yfamiliar, donde lasalegrías se hacen más grandes y las penas disminuyen un poco con el apoyo de todos. Ahora veo un pueblo en color, y ese color se lo damos todos.

Este color se refleja, por supuesto, en estos días de fiesta:

Los niños y las niñas con sus juegos y alegrías en nuestras calles, siendo ellos los verdaderos pregoneros de capeas durante todo el año.

Los jóvenes y los mayores en un mismo ambiente.

La asociación de Ganaderos.

Los que trabajan en las fiestas para que otros nos divirtamos.

Los voluntarios de capeas.

Los toreros, que tarde tras tarde nos entusiasman la fiesta.

Los caballistas, que con ese estilo y elegancia adornan las entradas de capeas.

La ola de Eusebio, que cada tarde le da color a la plaza.

Los coros y grupos rocieros

La coral, que cada 14 de septiembre nos ameniza la función religiosa con la misa extremeña.

Todas las pandillas y chiringuitos.

Las tertulias de Capeas.

Y también:

Los que tuvisteis la decisión de vivir en Segura.

Los que habéis hecho que creciera en cultura.

Los amigos y amigas del Facebook.

Mis amigos y amigas de peña.

Mis amigos y amigas “fatimeros”.

Los discapacitados y enfermos de Segura.

La asociación de mujeres y demás asociaciones.

La banda de cornetas y tambores.

Los que, aún no siendo de aquí, lo fomentáis.

En definitiva, ¡Mi Segura entero!

En esta noche luminosa, en esta noche de septiembre en la que tengo el privilegio de vuestra amable atención, al mismo tiempo que os muestro una parte de mis sinceros sentimientos, permitidme que os anuncie lo siguiente:

Es el momento en el calendario de saltar de alegría, rompiendo la monotonía del año, rompiendo esos malos momentos.

¡Amigos, amigas, comienzan nuestras capeas!

Comienzan unos días distintos, donde el tiempo unas veces está marcado por el reloj, como las tres o la seis de la tarde, pero que se detiene en el resto del día: estamos tan a gusto que no existe el propio tiempo.

Comienzan los días de la buena vecindad, de la hospitalidad.

Ha llegado la hora de la fiesta, atrás quedan las dificultades cotidianas, los días complejos, el esfuerzo diario, las largas jornadas…

¡Vivid cada instante con intensidad!

Os invito a compartir momentos de felicidad. Os animo al jolgorio, a la diversión, a la música, a la risa, a la generosidad, a soñar despiertos que el año es largo y hay que aprovechar.

¡Viva Segura!

¡Viva su gente!

¡Viva la capea!

¡Viva el Santísimo Cristo de la Reja!

Mercedes Cruzada Díaz

Video


Video Grabado por David Bernáldez
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