Segura de León


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Pregón Capeas 1973


Venir a Segura de León invitado por vuestro Alcalde, buen amigo mío, es estar, no salir de esta tierra extremeña, enraizarme más, si ello es posible, a estos riscos, vega y encinares en los que transcurre nuestra vida. Vida tranquila y apacible, vida serena en la que todavía es posible la meditación y el acercamiento a las más puras y trascendentes emociones que afectan a nuestros pueblos.

Paréceme a mí estar junto al Marqués de Santillana cuando escribió "Sus Serranillas". En efecto, aquello de la "vaquera de finojosa" tomó cuerpo e impreso quedó para la eternidad tras uno de los viajes que el mencionado Marqués de Santillana hizo a través de estas tierras del Sur de nuestra provincia. Y, heme aquí, sin más bagaje que el de un profundo amor a lo nuestro intentando cantar estas singulares fiestas de Segura de León. No es fácil, pues no es este pueblo de pregón ni de pregoneros, es pueblo de castillo y castellanos, es canción que sube al monte y en él se queda; como el águila, cómo la luz del alba, como el castillo mismo, como la vaquera y el vaquero, como la canción que mana del noble corazón de los segureños.

Esto es vuestro pueblo, canción y melodía, flor y frutos gustados en sazón; esto es vuestro pueblo amigos míos, un pueblo alegre viviendo una ilusión.

Segura de León, segura
junto al Castillo almenado.
Segura que a su costado
corre rauda el agua pura
de la noble Extremadura.

Un río de brava entraña,
un resplandor sin fisura
en la recia arquitectura
de España ¡la vieja España!
que aquí encuentra su figura.

El alcalde en el balcón,
a su lado el pregonero,
en la plaza el pueblo entero
a quien brindo mi emoción
con todo mi corazón,
que se rinde a la vaquera
y a su corte esplendorosa,
y a quien ofrezco estas rosas
en esta tarde señera
que dice también: ¡Hermosas!

¡Ay! Segura de León,
Segura de las capeas
donde las guapas -no hay feas-
se agitan con la emoción
de una bandera que ondea.

¡Ay! mocitas segureñas
en vuestro talle serrano
queda el temblor de una mano,
queda una flor y la seña
de un mundo que está cercano.

La zagala y el zagal,
la vaquera y el vaquero,
el pueblo en el rebervero
hirviendo como un panal
hecho de pan candeal
del que comen en el cielo,
en donde Ignacio Ramírez
que nos mira y que nos ve
pone la "tranca" en el suelo
con la gracia de un doncel.

Capeas, queremos capeas
es el grito general
de los viejos, del zagal
que con estilo serpea
a la vaca en el corral.

Y yo ahora os pregunto a todos:
¿Queréis dinero, zagales?
¿Queréis vino, vaqueritos?
¿Qué cosa queréis entonces?
Queremos capeas, capeas,
capeas y nada más.

La Luna entre los zarzales
os enseñará el compás
de los viejos mayorales.

La morena y la rubita
sienten en su corazón
algo nuevo que palpita
cuando te da un revolcón
una vaca señorita.

Que penita que haya muerto
”la Jeringuera”, una vaca
con los pitones de faca,
con un ojo casi tuerto
por la “patá” de una jaca.

A los músicos tenía
una tremenda afición
y cuando alguno cogía
con su fuerte cornalón
con fuerza lo despedía.

¡Que viva “la Jeringuera”!
y músicos a granel.
Viva la vaca primera.
Viva Segura, viva el
que a la vaca revolviera
con el garbo y el salero
del que sabe bien hacer.

Cuando canta el vaquerito
la Luna ya no se vé,
se oculta en el “Pilarito”.

Junto al Cristo de la Reja
amanece tu oración;
cruzas las manos, pasión
de la pasión que te aqueja
en todo tu corazón.

Y tu corazón Segura,
seguro es de salvación
pues tienes el alma pura
como el joven gorrión
que vuela por las alturas.

En la córrala las vacas
miran al suelo aguardando...
al zagal que con su jaca
las venia fustigando.

Pero... no hay miedo zagales,
que Segura, segura es,
y aunque la vaca cornee
aquí suenan los timbales
cuando un hombre está de pié.

”Que nobles y que bravas
son las vacas de Segura"
dijo Ezequiel con finura
y con pasión que abrasaba
a su amistosa figura.

Y es verdad lo que decía,
el pueblo testigo es
de la noble valentía
con que le embiste la res
cuando enfrente se ponía.

Al pasar por el Convento
miro al Cristo de la Reja
y mi mente se despeja
cuando le hablo un momento
de aquello que no me deja.

Y cuando salgo de allí
ya no pienso en la chiquilla,
lo que quiero son vaquillas
que se vengan hacia mí
a ver si alguna me… trilla.

Que quizá de esta manera
le conmueva el corazón
y así me dé la razón,
razonando, a la vaquera,
que es como la quiero yo.

Y ya puestos a querer
a querer al mundo entero:
¡Viva el artista, el campero,
y hasta el Alcalde y el Juez!
¡Viva la España que quiero!

Desde el puerto de la Cruz
las vacas ya se divisan,
el suelo casi no pisan,
parecen un mar de luz
al que con sus astas brisan.

Del corazón sus latidos
al pueblo puedes contar,
en un gozo general igual
que el dulce balido
que escucha el buen mayoral.

El sol que se va ocultando
tras una nube torera
detiene su día y espera
que la Luna vaya entrando
y al mismo tiempo enseñando
sus cuernos de fina cera.

Y Segura de León
que está gozando y que arde
dice a todos su canción:
¡A encerrar, se va la tarde!

Antonio Granado Ruiz
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