Segura de León


Quedan 111 días para las Capeas 2017
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Pregón Capeas 1981


Vaquera Mayor, Zagalas, Señor Alcalde, Queridos segureños:

En este momento de abrir las puertas, de empezar a andar el alegre camino de nuestras fiestas, con la tensión y emoción que ello conlleva, sería incapaz de replicar y agradecer cada una de las frases elogiosas que D. Diego acaba de dirigirme. Sé que las ha dicho muy sinceramente y con mucho cariño y también sé que no las merezco.

El, sí que merece el apoyo y el aplauso de la afición segureña, porque al verse este año sin vacas, busca, pregunta, viaja y compra, junto con nuestro paisano Enrique Medina, una capea solo para traerla a la Plaza. Eso, digo yo, es ser aficionado. Es, más bien, ser un hincha, un fiebre de las capeas. Es, haber sabido dar respuesta más que cumplida a esa terrible interrogante de... "Y este año... ¿Qué?".

Y este año, angustiosamente seco y largo para todos los ganaderos ahí están todos, poniendo la carne en el asador, poniendo y exponiendo su capital.

- Ahí está la valentía de D. Joaquín Garrido comprando vacas también porque desde hace tiempo tiene ganas de debutar como ganadero y, según dicen, tiene dispuesta una capea de las que quedan en el recuerdo.

- Ahí está la ilusión de los Hermanos Megías y de José Luis Pretel.

- Ahí está la entrega de Felix Montero y José González.

- Ahí está el regalo generoso de fraternidad y generosidad de los Cárdeno.

- O la gran afición de Angel Manuel pidiendo a su padre como obsequio fin de carrera, una capea.

- Queda un día, el sábado. Y una incógnita. Para mí, D. Eduardo Casquete.

Y ahora quisiera dedicar este Pregón a esos ganaderos trístemente desaparecidos este año. Angel Casquete Maya, hijo y hermano de ganaderos amantes de nuestras capeas. Angelito, en su callada timidez vivía nuestras fiestas; sobre todo en la puerta de salida a donde le gustaba estar como le gustaba tambien traer sus vacas por la calle de la Fuente para que su madre las viera pasar.

Y no podemos olvidar a ese otro ganadero, de cariñosa sonrisa muy querido por todos los segureños. Siempre petaca en mano ofreciendo y fumando el cigarro de la genorosidad y entrega por las capeas. Me refiero a Benito Pina. Benito y Leonardo, su inseparable Leonardo. Los dos cabalgaron tambien juntos en el caballo de la muerte y en nuestro corazón queda su emocionado recuerdo.

Y recordamos esa frase célebre que Benito siempre pronunciará: "Ahí está lo que hay..!". Y recordamos a la Joreá, la vaca preferida de Benito, vaca típica de capeas, que tantas veces se toreara en nuestra plaza.

Este año, de la mano del Cristo de la Reja, los tres contemplarán nuestras capeas desde las troneras del cielo. (Yo pediría un aplauso para ellos).

Viendo el ambiente festivo, el ambiente de esperanzada ilusión que respira ahora mismo nuestra plaza, podríamos hacer nuestra aquella frase del escrito Gabriel García Márquez: "La realidad supera con mucho mi imaginación". La realidad de este pueblo torero reunido esta noche para asistir a la proclamación de la Vaquera Mayor y Zagalas.

Realidad que deja al descubierto el atrevimiento y la responsabilidad de ser pregonero en Segura, porque aquí todos nos sentimos pregoneros de nuestras capeas. En estos días, y a lo largo de todo el año. No importa donde estemos (en Sevilla, Barcelona o Madrid) siempre las capeas son temas obligado de conversación. Y nos sentimos orgullosos de ser pregoneros de unas fiestas únicas para un publo único. Un pueblo acariciado por aires andalucies con profundas raices de extremeñismo.

Permitidme que esta noche, reconociendo mis propias limitaciones, sea yo el portavoz de esos pregoneros amantes de nuestra fiesta y de nuestro pueblo.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Asomarme al balcón de la Historia y, en rápida mirada, contemplar su fundación romana, en los llanos del Cristo, cerca del Torreón. Recordar su trayectoria a través de los tiempo: La Orden de Santiago, los grandes Maestres y a importacia de Segura como cabecera de la Encomienda Mayor de León.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Describir sus históricos monumentos:

El Castillo, construido allá por el siglo XIII, orgullo de nuestro pueblo, regalo de la historia, almenada silueta que adorna las estrelladas noches segureña. ¡Ojalá que esos proyectos de restauración y conservación que existen se hagan realidad, por lo menos, para no consentir que la desidia y el abandono se apoderen de sus piedras seculares, hechas historia!.

La Iglesia parroquial, construida con majestuosos aires de catedral.

La bella portada de la capilla de las angustias.

La iglesia de Fátima, compañera de siempre y vecina ahora de nuestros pensionistas.

La ermita de los Remedios, último adiós de los segureños que nos van dejando.

El Ayuntamiento y la Plaza que como dijera D. Diego el año pasado es corazón de Segura y síntesis de nuestra historia.

Y la ermita del Cristo, con su claustro mudéjar, en donde veneramos la imagen de nuestro Santo Cristo, del Cristo de la Reja. Centro de nuestra devoción. Eje soberano en torno al que giran todas las vivencias y convicencias de Segura. Oxígeno purificante y salvador que nos eriquece espiritualmente. Cristo torero que acude cada tarde puntual a nuestra plaza para echarnos su capote protector.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Destacar el tesón, la gallardía y la solera con que nuestros antepasados defendieron y conservaron nuestras fiestas. ¡Con toda su pureza!¡Y con el aliciente de la incertidumbre! Esa incertidumbre que nunca debería faltar en las capeas. Y vencían la incertidumbre, primero Ramírez, que al colocar la tranca, aseguraba las capeas de ese año; y luego, la destreza y valentía de vaqueros y jinetes que con la eficaz colaboración del pueblo daban al traste definitivamente con la diaria incertidumbre consiguiendo que aquellas entradas espectaculares que nosostos deberíamos promocionar y conservar.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Mentalizar al segureño del, cada año más difícil problema de encontrar vacas de capeas. El problema cada vez es más serio. Y que, mirando únicamente el futuro de nuestras tradiciones, deberíamos organizarnos. Constituir legalmente una sociedad que luche por conservar nuestras fiestas. Y que luche por conservarlas puras. Como Segura las quiere. Que si perdiéramos nuestas capeas tal y como nosotros las conocemos sería como arrancarnos un poco de vida nuestra.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Desenterrar las profundas raíces de nuestra fiesta. Buscar en los septiembres del ayer segureño y encontrar aquellas capeas de antaño. Aquellas vacas de D. Curro y el toro Topete. La capea del Portugés que se toreó de noche. El toro Vinagre de los Policarpo. La Española y el Organista de los Miranda. El toro de D. Paco que arrancó los palos que pusieron en la Plaza, siendo entonces Alcalde Nicolás Montero. Más cercanas en el tiempor eran la Pepa, la Centella, que se trajo a la Plaza atada con sogas. La Franciscana, de los Alba, que llevó colgando al Turrao, enganchado por la mandíbula desde la corralá al medio de la Plaza. La Jeringuera, la Jirafa, aquella vaca tricolor que D. Antonio trajera de Aracena. La Ceniza, de incontables hazañas. La Zagala, de los Jara, que volteó a Antonio Rey con el único cuerno que tenía. Y así sería interminable la relación de vacas famosas y de personajes célebres: Juaniyo Roque, el Pintao, Furraca, Zeneque, Azaña, Canuto y su trapo rojo o D. Carmelo y su sotana de capeas.

Eras otros tiempos, casi heróicos, cuando se toreaba, como dijera Isidoro, con alpargatas de hambre y corazones de fieras.

Y, por razones de brevedad, voy sólo a destacar una anécdota que observé el año pasado en la última capea. en la capea de D. Eduardo Casquete. Esa tarde se aplaudió intensamente a una vaca al salir de la corralá. En sus costillares tenía escrito: "Gracias a todos, Pilar". Caló hondo en nuestro pueblo la forma tan castiza y segureña de agradecimiento. Y mientras la vaca corría demostrando su nobleaza y bravura, se aplaudía. Y se aplaudía a Pilar, se aplaudía a la vaca, se aplaudía al ganadero y se aplaudía al Cristo de la Reja que una vez más había obrado milagrosamente.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Situar a nuestro pueblo dentro de la España de hoy. Esta España que intenta afanosamente su estabilización democrática a pesar de las zancadillas y golpes bajos que recibe desde dentro y desde fuera. La España de la libertad, de las dificultades autonómicas. La España de las leyes progresistas, del atasco económico, del fraude del aceite.

- Hablar de Segura, para mí, es:

Situar nuestro pueblo dentro de nuestra región extremeña, cenicienta de las regiones españolas, porque Segura participa y vive de lleno de la problemática de Extremadura.

Esta Extremadura nuestra sumida en la marginación y el olvido. Únicamente visitada por nuestros parlamentarios a la hora de conseguir sus votos, a la hora de hacer promesas. Y nuestra región tiene ya rotors los oidos de escuchar promesas que luego no se cumplen.

Esta Extremadura nuestra, escenario idóneo para el ensayo de las nucleares.

Esta Extremadura nuestra donde el caciquismo vergonzante manejó siempre y a su gusto las marionetas de su entorno social.

Esta Extremadura nuestra con kilómetros y kilómetros de tierra condenada al abandono.

Madre de emigrantes, viendo con dolos arrancarle a sus hijos para llevar como criados a otras naciones europeas y sufriendo ahora mucho más porque los devuelven a nuestra tierra sin posibilidades de empleo.

Madre de emigrantes de otros regiones de España, más ricas, más desarrolladas, más mimadas por la Administración del Estado, dejando en ellas su sudor y su trabajo y aquí queda el resto de la familia, partida, separada, con lágrimas ardientes de rabiosa impotencia en las depedidas.

Esta Extremadura nuestra tantas veces despreciada y burlada a pesar del lamento de los propios extremeños y de la agonía de nuestra tierra porque nosotros no creamos problemas, porque nosotros no pensamos en vasco o en catalán.

Pero a pesar de todo aquí estamos los segureños dispuestos a divertirnos en nuestras fiestas, dispuestos a beber a sorbos la alegría, dispuestos a colaborar y cooperar en nuestras capeas, llevadas a cabo gracias a los ganaderos, que a pesar de la situación del campo por la implacabble sequía, exponene su capital para regocijo del pueblo.

Y ya, para terminar, que mis últimas palabras sean para la jueventud segureña, juventud muchas veces no comprendida y con problemas a los que se debería prestar mas atención. Juventud torera que ya mismo tienen encila la responsablidad de proseguir entra tradición nuestra con toda su pureza. Juventud que lleva muy hondo el gusanillo de las cpaeas. Juventud dignamente representadas por la Vaquera Mayor y Zagalas que con sus siluetas adornan esta noche segureña.

Vaquera Mayor y Zagalas, símbolos de la elegancia y de casticismo segureño que vuestra presencia en este balcón siga poniendo la nota de alegría y esperanza durante estos días de fiesta que Segura celebra en honor de su Santo Cristo de la Reja.

Muchas gracias.

Ramón González Rey
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