Segura de León


Quedan 329 días para las Capeas 2018
Mapa del Sitio Agrandar Reducir Restaurar

Hemos recibido
2289983
visitas desde el 13/03/1998

Ver Estadísticas

Pregón Capeas 1989


Nuevamente, en este tradicional lunes de Víspera, pórtico de las Capeas, nos encontramos en Segura.

¡Segura! Blancura de cal y sol, verde pañuelo de flores, cinta azul de bruñidos atardeceres, rincón romántico que echas humo con las palmas toreras de tu Plaza, cuando en tu redondel no redondo se recorta en el aire quieto de la tarde, el pase mejor dado y mejor seguido. Cuando la emoción más fina deja encajes de polvo en la garganta de la gente, rota de tanto gritar...

¡Segura! - "Ya estamos en tus capeas".

Capeas es posible que nadie haya podido definirlas exactamente; tal vez... tampoco nos interese ni convenga. Definir, la misma palabra lo dice es poner fin, limitar, en definitiva empequeñecer.

Capeas de Capea, muchas capeas en cada capea porque son muchas y diferentes las horas y los momentos…

Capea del Lunes.

Víspera gozosa e impaciente, cuando la plaza va adquiriendo esa fisonomía característica de nuestra Fiesta y se va formando ese ambiente que intensamente vivimos año tras año.

Cuando el pueblo empieza a transformarse en una alterada danza de horarios desvelados, de cansados imposibles de disimular, de tránsito desquiciado.
Cuando en cada esquina y revuelta de cada calle parece surgir un soplo de vida renovada.

Capea de trabajo, madera y tierra... llena de sudor y barro que forman el polvo y la saliva.

Día de hermandad, de amistad, de auténtico sentido comunitario en unión de hermanos y amigos.

Capea creativa, monumental: troneras, tablaos, esquinas, "corralá".

Con qué savia de generosa entrega se suda, se trabaja; hay aristas de cansancios en caras alegres y emotivas.

Segura se engalana, se embellece, poniéndose el traje de tablas, maderos y cuerdas, y esa imagen es vivo reflejo de algo interior y real, los ojos no miran sólo la madera, sino que la traspasan y amplifican como una lente, para poder ver ese espíritu comunitario de unión y amistad de nuestro lunes de Capea.

Quisiera ser,
madero centenario,
para estar en tus capeas,
año, tras año, tras año...
Capeas de la Mañana.

El alba tiene una paleta sabia que maneja con destreza las mañanas de capeas, porque sabe dar a la luz y al aire color de fiesta.

Las capeas de la mañana son de espera, de emoción, de tensión, de sentimientos y entre todas ellas destaca con luz propia la mañana del 14...

Y ya ante el Cristo, que es la esperanza en la cruz, está un pueblo que es mezcla de todo: de hombres con fe y de los que la buscan, de los que la enseñan y de los que la ocultan, de los que sintieron desesperación y no tienen esperanzas, de los que te quieren, de los que te abrazan.

Y ahí estás Tú, Señor, sostenido tu cuerpo que está casi, casi... desprendido. Abajo tus pies yertos y de sangre reseca chorreados y hacia arriba la perfección de Dios hecha hombre hermoso.

Y ahí está Tú, para hablarnos de paz y tranquilidad, de serenidad y dulzura, cuando con los ojos del alma te miramos en las aciagas horas del desasosiego y la amargura.

¡Segura! el Cristo de la Reja es testigo de tu historia larga y diaria y de tu vida de fiestas, de tu alma y alegría viva y de tu sensibilidad permanente; todas estas formas sirven al pueblo para poder expresar su fe, porque si no fuera así, ¿cómo se podría compaginar la fiesta y el culto?...

Cristo... Segura se te entrega sin tasa ni medidas, precisamente porque en tu imagen portentosa están encerradas a un tiempo todas sus penas y miserias, todas sus esperanzas y sus afanes.

Mis labios quedan suspensos,
Cristo para rezarte,
Se me hace un nudo en el pecho,
y solo atino a mirarte.

Con la luz del amanecer de suaves grises, producto de la lucha contra la noche, que recubre las encinas y alcornoques.

Con la luz de la mañana que muestra todo el sueño y el cansancio, el ganadero y los suyos marchan al campo, como grandes Quijotes atrapados en la inmensa locura que invade a los enamorados de las Capeas.

Es el inicio de un día largo, tenso, y de un contenido emocional sin igual... su día. Este día todo tiene que salir bien; sus amigos, su familia; los vaqueros, los jinetes estarán para eso, para que todo se haga como tiene que hacerse.

¡Ellos si que son los auténticos románticos de nuestras fiestas!

Si hay un sólo factor condicionante de lo que serán las Capeas, ese es el ganadero, porque en ellas cobra categoría de protagonista principal...

Por entre las faldas verdes de los montes, por entre las solanas pardas de la tierra calma, por entre las umbrías movedizas de las encinas, surge con su andar cadencioso "la Manada".

La gente llena sus pulmones para gritar mirando al horizonte con los ojos vidriosos, que son ventanas de desenlace inmediato, unas palabras que encierran toda la mañana: ¡Ya vienen!

El cortejo de la Capea va a entrar por lugares por donde tiene que entrar... Puerto de la Cruz o Cabecita, Bermeja, Pilarito... donde se le espera muchas veces con rutina, otras con indiferencia, con cansancio, aunque casi siempre con inquietud y con ansia.

Y se oyen palabras que suenan a viejas porque las empezamos a oír desde hace siglos:

¡Las vacas no vienen, nosotros nos vamos!

¡Ya... Ya... Ya...!

El Pueblo espera a las vacas porque para él hacia siglos que no las veía venir, pero supo tener esperanza de que llegarían, por eso vienen ahí, dando testimonio claro de la diligencia de tus hijos en conservar el tesoro de los tesoros, nuestras Fiestas...

Y hasta Segura se empina,
y se pone de puntilla,
para ver venir las vacas
que están en la Cabecita."

Las vacas van a iniciar la entrada en la gran arteria de la calle de la Fuente y en al ancho vestíbulo de la Plaza los corazones esperan...

De repente todo cambia: carreras, saltos, suspiros, respiraciones fatigosas, vista puesta en la primera mancha negra que se mueva...

¡Y aquí entran! ¡Qué sentimientos despiertan: miedo, dulzura, esperanza, ilusión!

Y soñamos Capeas de la tarde...

Capea de Tarde.

El pueblo a las seis de la tarde vive una alegría expectante. El remolino que forman las vacas a la entrada en la "corralá", es un carrusel de vértigo que pone emoción en el cuerpo y la garganta.

A la salida de la vaca, el bullicio de la gente que se aprieta en las aceras y troneras, la conversación animada, el comentario alegre y festivo expresión de nuestro contento:

¡Primero sale la berrenda!

¡No que sale la negra...!

De pronto un silencio instantáneo pero profundo, las almas se hacen ojos, sólo el escalofrío de la emoción da contenido humano a la multitud.

Sale la vaca buscando, desafiante, y el pueblo estalla en un júbilo incontenible contemplando a un animal bravo; porque de generación en generación se va trasmitiendo la misma sensibilidad ante los efectos.

La plaza es testigo durante muchos años del pasar de cada vaca y en su interior, ha quedado con cada gota de sudor y sangre, una perla de emoción y sentimiento.

¡Plaza, eres la columna vertebral de nuestras Fiestas, por bonita nos enamoraste, por gallarda levantas piropos, por torera te decimos: ¡ole!!

En los tablaos se apiñan el hoy que será mañana y el ayer que es todavía; y ahí están los niños recibiendo lecciones al aire, en vivo, porque la Capea es intuitiva, no necesita del raciocinio, se siente no se piensa; es gozo, recreo y alegría de los sentidos; porque la Capea es algo que vive en el pueblo de Segura, es algo que corre por la sangre de todos los segureños, es algo que salta en el espíritu de los hijos de esta tierra. Por eso, no es una Fiesta de moda sujeta a los vaivenes del tiempo, ni se puede imitar.

Y son también corazones lejanos en la distancia no en el sentimiento, los que vienen a Segura a decir con su presencia lo que es capaz de hacer el hombre, el “ser capeero”, cuando los une la misma tradición, el mismo cariño, la misma nostalgia.

Una fiesta que no habría podido perdurar si sólo existiera lo externo, si no nos uniera una misma fuerza interior, una misma alma.

Capea de multitud creciente cada día, que como catarata corre por las calles, que busca las esquinas la plaza, y que cada año vuelve a crear el perfil, la estética que más nos gusta.

Quizás, al contrario que en otras muchas fiestas, nuestras noches de Capeas se convierten en meras espectadoras de un día sin igual.

Por la noche se acentúa el cansancio en el cuerpo y la cercana nostalgia de la tarde.

Entre charlas, copas, cantes y bailes, se hacen comentarios, nos recreamos en la Capea pasada, es decir volvemos a crear en nuestra mente la Capea de la tarde y toda la emoción vivida.

La noche se convierte en el punto final de un día, y a la misma vez, en el inicio de otro más ansiado aún, es terminación y comienzo, se habla de lo que ha sido hoy y de lo que será mañana.

Con el cansancio y la fatiga en el cuerpo, pero con el alma llena de vida, alegría y emociones; regresamos a casa, y volvemos a soñas capeas de mañanas, de tardes, de años, de siglos....

José Expósito Chávez
Página Web realizada por  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - Segura de León - 2008
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons | Aviso Legal | Bibliografía
CSS Válido! Valid XHTML 1.0 Transitional Licencia Creative Commons