Segura de León


Quedan 24 días para las Capeas 2017
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Pregón Capeas 1990


A todos los que el presente oyeren, vieren y entendieren, sabed:

La Comisión de Festejos, tras largas dudas y vacilaciones, ha decidido honrarme este año con la presentación del extenso programa que vamos a desarrollar en los próximos días, acto al que me presento como joven, inexperto y temeroso pregonero.

A este acto se le llama "Pregón" o anuncio. Lo de pregón me suena a aquello que hasta no hace mucho tiempo escuchábamos al sereno en las esquinas del pueblo: "De orden del señor Alcalde, se hace saber..." o "Sardinas, a tantas pesetas, en la plaza...". Hasta que no lo repetía varias veces no nos enterábamos, pero aquí el pregonero no se tiene que esforzar tanto, porque el mensaje lo conocéis bien todos.

Tengo imperiosamente que ser breve, primero para no castigaros mucho soportándome y, segundo, porque ya se advierte vuestra incontenible impaciencia por empezar -idólatras que sois- las paganas juergas.

Me gusta mi pueblo. Me gusta venir aquí y pasear por sus calles y sentirme envuelto por este pedazo de tierra que fue mi cuna. Me gusta su ambiente, el olor que despide, el color de las paredes de sus casas, las macetas, los herrajes de sus viejos balcones y ventanas y el decir de sus hombres y mujeres. Y me gusta porque como a todo buen segureño me gusta Segura; porque forma parte de mi mismo y porque yo contribuí como tantos otros a su formación y cuando llego aquí siento el orgullo de haber nacido y vivido en Segura.

Segura, yo te saludo, te anuncio y te proclamo como un rincón privilegiado. Y lo hago desde mi condición de hijo de tus calles, de tu plaza, de tu castillo, de tus esquinas, de tu cielo y de tu aire. Hijo de tu historia, de tu pasado y de tu presente, de tus capeas... tan iguales y tan diferentes.

Hemos levantado una ermita a nuestro Cristo de la Reja y un monumento al Sagrado Corazón. Esto nos satisface y acredita nuestra religiosidad. El buen Cristo nos envía las capeas como una Suprema Regalía. Y aquí precisamente habremos de pararnos. Todavía no hemos erigido el monumento que perpetúe nuestra pasión por ese otro Dios que llamamos Capeas, y al que en estas fechas entregamos nuestras almas y nuestros cuerpos rabiosos y frenéticos (Pido a todos que como muestra de máximo respeto, inclinéis ligeramente la cabeza).

¡Ah las Capeas!: Cuanto nos han contado y cuanto hemos visto de ellas. Los viejos se ponen nerviosos cuando recuerdan las de otros tiempos que los más jóvenes no pudimos disfrutar. ¡Que sepamos respetar y cuidar, queridos segureños, este legado importantísimo que pusieron en nuestras manos las generaciones pasadas! "Desgraciados los pueblos que pierden su antiguo solar, sus tradiciones y sus costumbres porque tendrán que empezar a caminar de nuevo". Pero el tiempo de la aventura no concluyó todavía. Nuestras capeas no son únicamente el rastro vivo de la memoria, son también la fuerza, el empuje de un pueblo que no se resigna, ansioso de vivir libre, entre el aire y la tierra libres, confabulados en el consenso del disfrute.

Cada día que comience debe ser para nosotros una renovada invitación de futuro, la llave y la herramienta para cambiar el curso de las cosas torcidas, el paso primero de una transformación permanente: respetuosa de nuestras tradiciones y creadora de los espacios de la igualdad y la concordia.
Capea es la fiesta en la que las niñas de Segura estrenan sus vestidos, se echa la casa por la ventana, y en los corrales se guisa y se come comunitariamente, es algo íntimo, familiar, tranquilo y alegre.

Y el caso es que ha contagiado a otros pueblos mas allá de nuestras fronteras, como podemos ver por los vehículos que a cientos arriban a nuestras calles y a cuyos propietarios recibimos con la simpatía más cordial: "aquí se quiere a todo el mundo aunque en Segura no haya nacido".
Parte de "culpa" de lo que en estos días nos va a acontecer, la tienen los ganaderos y es obligación de todos nosotros agradecer su colaboración desinteresada, sin la cual no sería posible este fenómeno sísmico, con epicentro en las vacas.

Estas fechas son sagradas para todos los segureños y nos consta que quien no viene sufre la ausencia; nos divierten y nos unen, cuestión importante que va siendo más necesaria cada día.

Dicen que "en Segura ni mujer ni mula y si te pones a escoger, mejor la mula que la mujer". Desde este balcón, quiero desacreditar ese refrán, y la prueba del descrédito se refleja en las guapas segureñas que años tras año se han mostrado en estas fechas ejerciendo de Vaqueras y Zagalas.

Manifestaros por último mi fogoso deseo de que, con alivio de nuestras grandes preocupaciones por el índice de precios al consumo, la concertación social, el conflicto Irak-Kuwait, así como el crecimiento demográfico, sacrifiquéis vuestros estómagos al dulce placer del guarrito y el bacalao guisao, regado con buenos caldos y colmemos nuestras almas con sana voluptuosidad.

Que así se cumpla.

Carmelo Oyola Arroyo
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