Segura de León


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Pregón Capeas 1994


Es para mi un inmenso honor ser la primera mujer pregonera de nuestras fiestas del Cristo de la Reja.

Honor y satisfacción que se han traducido en muchos meses de reflexión, acerca del contenido y el continente de este pregón para llegar a la conclusión sencilla y clara de que Pregonero de una Fiesta, significa simplemente “Anunciador de las mismas”. Así lo he entendido y así pretendo que lo veáis vosotros, de modo que, en perfecta sincronía, yo con el corazón retazado en palabras y vosotros con la palabra contenida en el corazón hagamos de esta noche Anuncio Bullicioso.

Sin embargo, no quisiera arrebatar esa labor a aquella que, calladamente, ocupó este puesto desde hace muchos años, convirtiéndose en la más genuina y silenciosa anunciadora de la Capea. Si pretendo, modesta tranca, abusar de la confianza que me das para ponerle a tu símbolo voz femenina desde este balcón tradicional, en esta noche de esplendor segureño.

Pero al mismo tiempo es para mi una enorme responsabilidad asumir la voz pujante de este colectivo que agrupa a la mujer segureña, lo que me fuerza esta noche a romper una merecida lanza para ensalzar el papel manifiesto de la mujer en una fiesta, por otra parte, cargada de simbología femenina.

Una fiesta que incluso se escribe en femenino: la Capea. Primariamente representada por la Tranca. Con un elemento primordial que la condiciona y peculiariza que es la vaca. Y porque no hablar de la pica, la soga, las tablas, la corralá, la calle la Fuente, la entrada y este marco irrepetible de la plaza. ¡Si hasta los burladeros aquí los hemos convertidos en las troneras!... Y qué deciros del Cristo, que esta permanente unido a la Reja.

Pues bien, es preciso que rompamos esa lanza en la defensa de la mujer porque, aun contradiciendo al filósofo, hay que perder la vieja idea de que ésta sea varón menguado. Como decía el profesor Tierno Galván, puede ser contradicha esta opinión sin ambages ni rebozos con la larga experiencia que enseña que vale la mujer tanto como el hombre. Así entiendo, vale en cuanto atañe a la facultad de la inteligencia. Es también capacísima en los ejercicios que requieren esfuerzo y destreza física; a lo que hay que añadir su viveza y su actitud imaginativa y una natural aversión a la melancolía que la hace alegre y siempre dispuesta a cuanto requiere festivo humor.

Estas consideraciones las podemos acercar a la calle, a la plaza y a las casas de Segura para darnos cuenta de cómo la mujer segureña se va abriendo paso evidente, que no rivalizando en la representatividad y feliz culminación de nuestras fiestas, en unas facetas que habían sido privatizadas del hombre y un ejemplo claro lo tenemos esta noche en este precioso balcón con este singular hecho en el que todos estamos participando y para el que yo solicitaría de nuestros gobernante locales una prolongación efectiva con el fin de que no se quedara en un caso aislado, sino que fuera el inicio, el arranque, de una cadena voluntariosa de mujeres que también queremos decir a voces qué tiene y cómo son nuestras Capeas. Y yo os animo a vosotras a no poner demasiadas ni absurdas trabas.

Hemos ido observando a lo largo de estos últimos años una comparecencia más notoria de la mujer en el elenco organizativo de nuestras fiestas. No podemos olvidar las femeninas firmas literarias en nuestra tradicional revista de la Capea así como los también femeninos pinceles que nos la ilustran.

Y ahí tenemos la colaboración de nuestras mujeres en esas peñas juveniles de las que son, en muchos casos, alma y sostén y ejemplo clarificador de su fundamental enclave en la trama de las fiestas.

Y quien le va a discutir esfuerzo y destreza física a esas zagalas segureña que corren como el que más en nuestras calles, desafiando con valentía y agilidad la fuerza y bravura de nuestras vacas.

... Y dejadle paso a ellas, que vienen con mucha fuerza que os han cogido el relevo, en la nuestra, en la ya tradicional Capea de las Mujeres. Me acuerdo de todas ellas, de esas mujeres valientes, con arte y mucho salero que se tiran a la plaza a dar un par de quiebros.

Pero sin lugar a dudas la que aúna todas las cualidades de esa mujer participante y activa es la Madre Segureña. Esa Madre que en estos días ve como se le triplica su trabajo y se le achica su tiempo porque ella también quiere estar en primera línea.

Estos desenfrenados días tiene que echar mano de toda su viveza, su imaginación, su esfuerzo, su destreza física y su inteligencia para mantener a punto su casa y de gala a su familia.

Esa mujer que puede ser la madre del Pregonero, la del Vaquero o Vaquera Mayor, la mujer del Ganadero, del Concejal o del Municipal, la novia del que amarra las "Portás" o simplemente la amiga de ese que hizo jirones la camina en su lucha particular con la vaca o contra el vino. A ellas desde aquí vaya mi reconocimiento.

Tengo que reservar un hueco, como no, para las Vaquera Mayor y sus Zagalas.

En ellas simbolizamos el más genuino baluarte de la feminidad que es la belleza y que no tiene porqué estar reñida con ninguna otra cualidad de la Mujer. Ellas ponen la nota agradable a la vista, alegre, simpática y colorista y son en el fondo un pequeño sueño vanidoso de muchas jóvenes Segureñas.

Antes por estudio y ahora por motivos de trabajo, me ocurre, como a tantos de vosotros, que he de pasar la mayor parte de mi tiempo alejada de nuestra gente, de nuestras amistades de siempre y de ese cúmulo de seres inanimados que graciosamente constituye nuestro pueblo. Esta situación nos obliga a convivir con extraños diariamente.

Aunque se que ya lo hicieran otros, no volvería conforme conmigo misma a mi lugar de trabajo si no aprovechara la ocasión para intentar explicaros como se siente la Capea desde fuera y sobre todo como contarle a un forastero siquiera un día de nuestras fiestas y convencerle de que nada tienen que ver con lo que él haya podido conocer o escuchar.

En ese momento somos un poco Pregoneros de las Capeas. Hacemos Patria Chica y se nos llena la boca; quien sabe si con la saliva del placer o con la lagrima de la distancia y la nostalgia.

Es complicado explicar con palabras inteligibles el sentir de un pueblo cuando días antes se comienzan los tablaos, las troneras, la corralá y nuestras calles se empiezan a llenar de esas rústicas piezas que conforman cada día el puzzle de una Capea.

Como hacerles ver la zozobra de un pueblo entero esperando sentir la baba caliente y el trote vigoroso de las vacas entrando en la calle La Fuente, o la presión insostenible de ese tumulto humano que fortifica la esquina de la farmacia haciendo impenetrable ni una leve brisa de aire.

Y ese oyente atónito que nos escucha nos puede contestar: "Ah, si como las vaquillas que se corren en tal sitio".

Cómo describirles ese día sagrado en Segura, el 14 de Septiembre, cuando allá abajo en su Ermita, ante la Reja y ante El Cristo acudimos apiñados; independientemente de ideas o creencias. Ese día de fervor inusitado y de apego profundo a unas raíces.

Santo Cristo. Saca tu trapo torero y disfruta de unos días en la Plaza de tu Pueblo. Corre entre nuestras troneras, súbete por los tablaos que si estás entre nosotros el miedo ya esta "salvao".

Y como explicarles el esfuerzo sin igual de nuestros Ganaderos que día a día en las dehesas y bajo la sobra de nuestras encinas se afanan en cuidar su ganado para luego cederlo gratuitamente para diversión de un pueblo.

Y quien les hace distinguir esas últimas luces del día apegándose junto a las cansinas carreras del ganado que regresa a su finca, cuando comienzan a destellar las bombillas del paseo anunciando la Verbena mientras nos colocamos encima la piel de madrugada que nos ayude a enfrentarnos a toda una loca velada después de una intensa jornada diurna.

Y algunos nos replicará: "Si, como la verbena de mi pueblo y encima sin cacharritos".

No hombre, no. La Capea es otra cosa.

Somos buenos pregoneros que les metemos el gusanillo de la curiosidad en el Cuerpo y a muchos, felizmente, hemos arrastrado hasta Segura. Y es preciso que vengan para que se den cuenta que hacemos aún poco honor a la verdad. Y además es preciso que vengan para que repitan.

Permitidme terminar recordando que entre las virtudes que hacen de un vecino perfecto y acabado las principales son la Cortesía y la Hospitalidad; merced a las cuales conservamos viejas amistadas, ganamos nuevas, hacemos de los extraños propios y, no pocas veces, de los hostiles enemigos amigos de apego y fiar, logrando por añadidura que quienes visitan los pueblos habitados por vecinos corteses y hospitalarios hagan lenguas de ellos maravillados de la apacible condición de sus moradores.

Ni que decir tiene que estas características de vecino perfecto y acabado las podemos aplicar, sin riesgo a equivocarme a los de nuestro pueblo y con mucha más razón estos días en que somos más visitados que nunca por aficionados, viajeros y curiosos.

Segureños, encarguémonos de que ningún visitante se marche con sinsabores de nuestras únicas, particulares y entrañables Capeas.

Feliz semana, Amigos.

Emilia Movilla Mejías
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