Segura de León


Quedan 47 días para las Capeas 2017
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Pregón Capeas 1996


Sr. Arzobispo, Autoridades, Asociación de Ganaderos, Mayordomía del Santo Cristo, Vaquera y Zagalas. Familiares y sacerdotes que me acompañáis en estos momentos. segureños, amigos todos.

Quiero comenzar, sin más interrupción que mi agradecimiento a la pregonera del pasado año, Antonia Gata Maya, por las flores y alabanzas que ha tenido la bondad de dirigirme, cosa que esperaba -no porque sea así realmente- sino porque es lo usual en estos casos y porque ella es, como persona y como segureña "muy buena gente". Cumplido este deber, comienzo.

“Pregón”, según el diccionario español, es la “promulgación de una cosa o una noticia hecha en voz alta y en sitios públicos, para que todos la conozcan y la sepan”. También la “alabanza pública de algo para que la gente lo desee y lo compre”.

Siempre se pregonaron en nuestros pueblos las cosas, para que la gente supiera que las había, dónde estaban, que eran las mejores y se animaran a comprarlas. ¿Quién de los menos jóvenes no recuerda aquellos pregones de...?: "finas y dulces las naranjas", "sardinas frescas", "asauras y sangre", "asandías coloras y melones mauros"; o aquellos otros: "cal blanca", "paraguas a arreglar", "el latero niña" o "musolina blanca" que pregonaba aquella voz distinta a todas del Sr. Luciano y que oíamos en nuestras calles y en nuestras puertas.

Unos, los más pudientes, pagaban al Pregonero de Oficio -al Pregonero del Ayuntamiento- que iba soltando su rollo en sitios estratégicos; otros, los más pobres, lo hacían ellos mismos con su mercancía a cuestas o con el burro por delante o de cabestro, recorriendo las calles del pueblo o parándose en esquinas para ahorrar tiempo y cansancio.

Con ese significado y esos datos, aceptando la palabra “Pregón” como usual y reconocida por lingüistas y literatos para anunciar, ensalzar y dar a conocer las fiestas de ciudades y pueblos, a mí personalmente ni me cuadra ni me llena para anunciar nuestras fiestas. Entre otras razones, porque muchos días antes de este pregón oficial y programado, son muchas las personas y son muchas las cosas que ya han pregonado, anunciado y recordado que han llegado nuestras fiestas.

Pregoneros anónimos que, cuando se asoma Septiembre al calendario, sin protocolo, sin literatura, sin altavoces, hacen llegar su voz a todos los rincones de nuestro pueblo y de los pueblos vecinos: "¡han llegado las Capeas!", porque en nuestro entorno cuando se pronuncia la palabra "Capeas" sin otro añadido, ya se está entendiendo las Capeas de Segura de León.

1°) No puedo pregonar las Capeas aquí, en Segura de León, porque ¿quién no sabe todo lo que hay que saber de Capeas en nuestro pueblo? Ni lo podría hacer en Fuentes de León o Bodonal; Fuente de Cantos o Monesterio; Calera o Cabeza la Vaca; Fregenal o Cumbres Mayores, Arroyomolinos o cualquier otro pueblo de nuestro entorno geográfico y costumbrista, porque en todos esos pueblos se sabe cómo y cuándo se celebran, cómo se viven, a qué se exponen los usuarios, de quién son las vacas cada día, con cuáles hay que estar más alerta y tener más cuidado.
En esos pueblos, con mucha anticipación, son pregoneros de nuestras fiestas: los mayores que programan su trabajo para estar cada tarde en nuestra plaza. Los menos jóvenes que, para lo mismo, buscan disculpas ante la novia, la esposa o la familia y los más jóvenes que tratan de convencer a sus padres con aquello de "no pasa ná", "yo tengo cuidao", "yo vengo temprano", aunque después sí que pasa muchas veces - casi siempre les toca a ellos -; no vuelven a casa temprano o simplemente no vuelven hasta el día siguiente.

2°) No puedo pregonar estas fiestas a los segureños, que viven en Madrid o Barcelona; Tarragona o Alicante; Gerona o Castellón; La Coruña o Granada; Huelva o Toledo; Sevilla o Las Palmas; Cáceres o Mallorca; Francia, Bélgica o Alemania, y en tantos pueblos de esas Provincias o Regiones. Y no lo puedo hacer porque en las noches de nuestras Capeas, sin que nadie se lo recuerde, ellos ven los vídeos grabados de tantos años, para -en una añoranza santamente envidiosa- reír, gozar y llorar de alegría ante los "tablaos" y las vacas, y sobre todo ante la Imagen del Cristo y su Ermita, escuchando su Himno en el cassette o en el vídeo y recordando, unos lo que mamaron en su niñez o juventud, y otros, los hijos de éstos que ya no nacieron aquí, lo que le dieron de mamar su padres, al mismo tiempo que la leche y el alimento.

Ellos sí, segureños de "pro", más segureños que nosotros, porque también aquí es verdad que hasta que no se pierde, no se valora lo que se tiene. Ellos sí que son pregoneros de esta noticia, de estas Fiestas de nuestro Santo Cristo en las casas de sus vecinos y amigos, llevando sus vídeos y explicando su contenido, hablando de nuestras fiestas y de nuestro pueblo y de sus costumbres en las casas de Extremadura o en las de España, los que están en el extranjero.

3°) Puedo subirme a un sitio público, puedo hablar en voz alta, emotiva y vibrante de las Capeas, pero no puedo llamar a esto pregón, porque muchos días antes de este acto ya las han pregonado los segureños jóvenes, que comienzan a preparar sus ropas, sus zapatillas y a contar sus recursos económicos para tantos días de jolgorio y otros, los menos jóvenes y aún los mayores, comienzan a revisar las tablas de las "troneras" y los palos de los "tablaos" y a comprar nuevas sogas que sustituyan a las que se perdieron o rompieron el último año y a renovar, pasando por taquilla -léase Ayuntamiento- el derecho al sitio tradicional de su "tronera" o su "tablao" y hasta el cura revisa y saca su sotana que tanto sabe de vacas, de polvo, de empellones, de caídas y de rotos y la pone a la intemperie de la noche para que se desarrugue y esté lo más digna posible para los menesteres taurinos de cada tarde.

4°) No puedo llamar a esto pregón, porque muchos días antes ya han pregonado nuestras fiestas los palos y los tableros del Ayuntamiento, que se despiertan de un año de silencio y soledad señorial en nuestro Castillo y se ponen en marcha, enseñando sus números para que los coloquen en su sitio de cada año: Unos en las esquinas de las calles Enfermería y Barrancos, Fraguas y Cuchilleros, Ánimas y Calleja Llana, Sánchez Miranda y Real, San Roque y Maestro D. Jacinto. Otros en los Colegios formando esa "córrala" más reciente que recibirá cada tarde a las vacas cansinas, nerviosas y sedientas, añorando unas a las crías que dejaron en el campo, otras el agua fresca y cristalina de las fuentes, arroyos y barrancos donde abrevan cada día, y el heno y el pasto que repare las fuerzas que quitaron tantas carreras, tanta gente y tantas voces, y todas buscando la tranquilidad, la paz, el sosiego, las sombras de las encinas y el ruido monótono, misterioso e inigualable de los grillos, los pájaros y las chicharras.
Las pregonan otros palos y otras tablas, los más agraciados por la suerte, formando la "córrala" de siempre, la "Córrala" con mayúsculas, la de la calle, ahora, del Castillo, que a las 6 en punto de la tarde -para que no le canten al ganadero de turno aquello de "a encerrar que se va la tarde"- reciben en un remolino de vacas, de hombres, de polvo, de palos, aplausos, silbidos y gritos a las vacas de cada tarde con ganas de guerra y con el afán de no quedar mal a sus dueños.

5°) No puedo llamar a esto pregón, cuando ya mucho antes, los maderos y las tablas de "troneras" y "tablaos" particulares son llevados en singular "procesión", a hombros y en tractores a la Plaza y sembrados en su tierra, y han sentido el dolor del martillo y las puntas y el roce fuerte y áspero de las sogas; unos, los de siempre, los veteranos de cada año, sabiendo que vale la pena por las dos o tres horas diarias de sevillanas, gritos, música, cohetes y petardos, de olor a sudor, a vino y a tabaco, que les sacan de la monotonía de todo un año en el silencio del doblao o de la cuadra, el tinaón o la cochera. Otros, los nuevos, los que sustituyen a los que han pasado a la situación de "inservibles", preguntándose qué hacen ellos formando parte de una construcción típica y segurísima -quizás por lo rudimentaria- y transformando las líneas y las dimensiones de nuestra plaza, que vestida así -y también en su forma habitual- es bellísima e inigualable.

6°) No puedo llamar a esto pregón, porque muchos días antes, nuestros niños pregonan nuestras fiestas, jugando a las Capeas, donde unos son toreros y otros vacas y arremeten o se esconden tras los maderos y las tablas de las esquinas, de las calles y de la plaza.

7°) No puedo pregonar estas fiestas porque, ya muchos días antes y en más de una ocasión, lo han hecho los Ganaderos reuniéndose para ver quiénes dan sus vacas y qué días prefieren y desde entonces ya piensan en las vacas que van a traer, las que tienen crías, las que están preñadas, las que están flojas, las que no han venido nunca, las que puedan escaparse; y sueñan todos con dar una gran Capea, con que la gente se divierta, con que las vacas corran y "se lleven por delante a los que puedan", sin que pase na importante; aunque para curarse en salud, todos repitan aquella frase que hizo santo y seña el inolvidable Benito Pina: "Ahí está lo que hay". Sueñan con que su Capea sea la Capea del año, con que de ellas se hable mucho tiempo, como sueñan los ganaderos de reses bravas, los "Vitorinos", los "Miuras", los "Albacerradas", los "Torreestrellas" o "Torrealtas", con que su corrida de Madrid, Sevilla, Pamplona o Bilbao sea la corrida de la temporada taurina y de ella se hable mucho tiempo. Y lo hacen con más ilusión que éstos, porque para ellos, las vacas no son un placer o un pasatiempo, sino que son su trabajo, su sudor y toda su vida.

8°) No puedo pregonar estas fiestas, porque antes que yo, las han pregonado esas tablas cruzadas en las barandas del Paseo, tan tempraneras como eficaces y tradicionales y ese Cartel que reserva su sitio de siempre a Angelito, Niño Mayor, que en tantos aspectos de la vida cotidiana nos enseña tantas cosas a los mayores.

Y ¡Cómo no!, estas fiestas las pregonan con fuerza cada año, y con anticipación a este acto, los jóvenes segureños que toman como reliquia profana "La Tranca", bandera y símbolo de unas fiestas inigualables, y la traen en carrera tumultuosa y festiva desde el Castillo a su lugar tradicional, donde se levanta altiva y majestuosa, como si en ella tuviera que apoyarse cada Capea, con todas sus circunstancias y como si desde su qrquilla se asomaran a la Plaza tantas vacas: la "Ceniza", la "Jeringuera", la "Centella", la "Joreá", la "Gacha", la "Pepa", la "Pinta"... por nombrar algunas de las muchas que, por sus características especiales, sus carreras, su bravura...; por las personas que cogieron o asustaron, por las situaciones insólitas que provocaron, han hecho historia en nuestra Plaza y se recuerdan con nombre propio en nuestra Fiesta.

9°) No puedo pregonar estas fiestas, porque ya hace muchos días las pregonaron estas jóvenes, al ofrecerse siguiendo esa tradición -no muy larga todavía- para ser la Vaquera Mayor y las Zagalas de las fiestas de este año. Y a las que yo al felicitar por su gesto, diría muchas cosas que voy a resumir no en esa frase tan superficial y tan incompleta que tras un juvenil silbido, oímos tantas veces: "¡Madre mía!, ¡qué cuerpos!", sino en esta otra más completa, más profunda y más humana, aunque si queréis también con el silbido anterior: "¡Madre mía!, ¡qué mujeres!", porque esta frase va más allá de la anatomía del cuerpo, el color de los ojos, la elegancia del talle, el embrujo de la sonrisa o el encanto de la simpatía; abarca también la grandeza del corazón, la limpieza del alma, el deseo de ser útiles a los demás, la entereza ante las dificultades, la responsabilidad ante el deber y por si fuera poco, ser españolas, extremeñas y segureñas.

No lo iba a decir, pero no me resisto a callarlo. Porque era de vuestro grupo, hoy estaría aquí con vosotras, vistiendo mantilla y peineta española, Ana María; y lo digo, porque desde la fe y desde el cariño estoy seguro que va a producir en todos un dejo de tristeza, pero una tristeza tranquila y gozosa. Tengo la seguridad que porque sois vosotras, Vaquera y Zagalas, 1.996, a Ella, que era de vuestro grupo, los jóvenes segureños que nos dejaron en estos últimos años, -porque a pesar de su juventud, no pudieron hacer un quiebro a la muerte ni nadie les pudo hacer un quite, porque los envistió cuando menos lo esperaban y de unas formas que ellos no podían ni imaginar: Francisco Jesús, Mari González, Juan Oyola, Carmen Pérez, Agustín Molina, José Luis Rey, Diego Garduño-, la habrán elegido a ella, a Ana María, Vaquera Mayor 1.996, con el aplauso de todos los segureños, jóvenes y mayores que nos han ido dejando en el transcurso de tantos años y con la presencia en ese pregón que no sabemos cómo será de los ganaderos Benito Pina, Antonio e Ignacio Alba, Manuel Rey, Diego Casquete, José Diez, Antonio Casquete Miranda, los hermanos Jaraquemada, Diego Casquete Jaraquemada, Antonio Casquete Hernando, Antonio María Alba, Pedro y Rodrigo Montero de Espinosa, José Cárdenos, Frasquito Javier, padre e hijo, y "D. Paco" (como se le conocía) por nombrar sólo a los que nos dejaron desde el año 1.952 y a los que yo, como Sacerdote y como amigo ayudé en ese salto importante del tiempo a la eternidad.

10°) No puedo anunciar estas fiestas, porque mucho antes de este pregón, lo hacen los enfermos y los impedidos de esta Parroquia (más de un centenar) alegrándose, aunque ellos no puedan hacerlo, de que disfrutemos de estas fiestas, y recordando cómo las pasaban, cómo eran y cómo las vivían, y advirtiendo a hijos y a nietos, que tengan cuidado, como a mí mismo me decían muchos en mi última visita de Agosto: "D. Carmelo tenga Vd. cuidado, no le vaya a pasar algo, que ya no es un niño". Consejo al que antes no hacía ni puñetero caso, pero del que últimamente estoy tomando nota, porque ya faltan los reflejos, no sobran las fuerzas y los años no pasan en balde.

Y así mismo las pregonan con mucha antelación aquellas familias que, más o menos recientemente, han perdido seres queridos y sienten, al acercarse estas fechas, que se les abren las heridas del dolor y del cariño, que casi siempre sólo se cierran en falso. Y a los que yo en estos momentos de alegría nuestra, les diría que no sé cómo se celebran estas fiestas allá arriba, pero que estoy seguro que se celebran, porque si no fuera así, fallaría esa definición de cielo que de niños aprendimos en el catecismo: "el conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno", porque para los segureños es un mal no estar metido como sea en estas fiestas y les faltaría un bien si están totalmente ajenos a ellas.

11°) A este pregón programado, a los que ha habido y habrá en lo sucesivo, y a esos otros pregones espontáneos les faltaría algo, estarían incompletos si no hubiera un espacio en estas cuartillas y un tiempo en esta noche para hablar del Señor de la Reja, como decían nuestros antepasados. Este Pregonero Oficial, los que fueron y los que serán en lo sucesivo y esos pregoneros Anónimos habrían fracasado como tales sí se hubieran olvidado del Santo Cristo de la Reja o el Cristo, como decimos más recientemente, porque las Capeas son, existen, se celebran cada año, se añoran cuando pasan y se desean cuando se acercan, porque está el Cristo de la Reja, al que los segureños, los que están aquí y los que viven fuera, ni lo añoran, ni lo desean, ni lo celebran un vez al año, porque lo tienen y lo sienten cada día, todos los días, como sienten y tienen el corazón, como sienten y tienen la familia, como sienten y tienen la vida, como sienten y tienen las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, el dolor y el gozo, los trabajos y las fiestas. Porque el Señor de la Reja, el Cristo es el corazón, la vida y el alma de todos los segureños, es el pasaporte y el carnet de identidad de todos los nacidos en Segura y de todos los que en Segura pasaron parte de su vida, por pequeña que ésta haya sido.

Y aquí sí, hablando de Cristo, es cuando a esto no se le puede llamar pregón. Porque del Señor sólo hubo dos pregones únicos e irrepetibles, sencillos y cortos, profundos y revolucionarios, porque ellos sí, ellos fueron el anuncio de dos grandes noticias, de dos grandes acontecimientos, que Dios hizo llegar al mundo por altavoces angélicos: "os anuncio una gran alegría, os ha nacido el Mesías, el Señor" y el otro hasta se conoce con el nombre de Pregón Pascual: "Resucitó, no está aquí". Y porque nació y resucitó, el Señor bajo tantas advocaciones está con los hombres; con nosotros el Cristo de la Reja, presidiendo nuestra vida, alentando, perdonando, comprendiendo, enseñando, ayudando y olvidándose de su cruz y de sus clavos y arrimando su hombro a nuestros clavos y a nuestras cruces y en estos días saliendo de su Ermita, cuando se cierra a la una de la tarde -los únicos días del año que se cierra antes del anochecer- Y desde el Castillo o el Monumento, desde lejos para no coartar nuestra libertad, está vigilante para hacer un quite o echar un capote cada tarde en nuestra plaza. Yo creo que ese es el sentido de esas frases que tanto repetimos en estos días. "No pasa na porque Dios no quiere, ó gracias a Dios que se ha quedao en eso". Y después, de regreso a su casa se asomará a los chiringuitos, a la verbena, a las discotecas, a los mesones para ver disfrutar a su gente, para ver que al menos en estos días del año, nos vemos libres de tanto peso: el paro, la carencia de tantas cosas legítimas y justas y de ese rosario de problemas y preocupaciones que nos agobian durante el año. Y sonríe comprensivo cuando ya, casi amaneciendo, se encuentra con los últimos, que andan a trompicones, malsujetándose mutuamente y sin que se les entienda lo que dicen. A las 8, cuando de nuevo se abre la Ermita, ya está allí para recibir a los que, a pesar de las fiestas y sobre todo los que están fuera, van a pedirle, a darle gracias, o simplemente a decir que están aquí.

Segureños, amigos todos, comienzan las Capeas 1.996. Segureños, amigos todos, comienzan las Fiestas del Santísimo Cristo de la Reja. A disfrutarlas como siempre: en paz, sana alegría, fraternidad y solidaria convivencia.

¡Viva Segura de León! ¡Vivan y estén siempre vivas nuestras Capeas! ¡Viva el Cristo de la Reja!

¡Gracias por escucharme y gracias, hoy especialmente por tantas cosas!

Carmelo Pérez Serrano
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