Segura de León


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Pregón Capeas 1997


Dignísimas autoridades civiles y religiosas, Mayordomos del Cristo de la Reja y otras representaciones, Vaquera y Zagalas electas, amigos todos:

Muchos de vosotros os preguntaréis: ¿qué hace una chica ye - ye como yo en un sitio como éste? Pues bien, para contestar a estar pregunta es preciso retroceder en el tiempo. Sin querer ser un "martirio", me voy a explicar.

Desde mi más tierna infancia he pasado muchos veranos en Segura de León con mi abuelos, a quienes muchos de vosotros recordaréis, Antonio Díez y Antonia Cid y con mi tío-abuelo "el tito Quico", o sea, Frasquito Javier. Son muchos los segureños que me han contando alguna anécdota de tan entrañable persona. Al morir, fue publicada una semblanza por el diario "Hoy" con el título "Ha muerto el amigo de los niños" y después de 25 años sigue estando en el corazón de muchos de nosotros.

Después de mi infancia, llegó mi adolescencia y aquí seguí viniendo, donde viví bonitas experiencias en este pueblo encantador.

Luego conocí y participé de las capeas, a las que me hice adicta y todos los años esperaba aprobar todas las asignaturas, para no tener que ir a los exámenes de septiembre y poder verlas y disfrutar de ellas. Hasta recuerdo haber llorado porque se acababan.

Y por fin llegó mi etapa adulta, en la que sigo viniendo a Segura, no sólo a las capeas, sino a San Isidro, San Roque, las Cruces de Mayo, Semana Santa y alguna que otra Nochevieja, cada una de estas fiestas con un encanto diferente, pero todas ellas especiales

A ello obedece, sin duda, el gran cariño que desde pequeña siento por este pueblo con el que me identifico, y pese a quien pese, me siento segureña. De él, me gustan sus gentes, su plaza, su castillo, sus casas encaladas, sus calles empinadas, de Segura; como dice el dicho popular, me gusta hasta sus andares.

Desde hace tiempo, tengo un gran deseo de hacer públicos mis sentimientos. Y ningún lugar mejor que éste, para satisfacerlo. Por ello, he solicitado con mucha insistencia esta oportunidad.

Vosotros, orgullosos de vuestro carácter extremeño, estáis adornados de dos singulares virtudes: la hospitalidad y la generosidad, cualidades que lógicamente se reflejan en los representantes del pueblo, como lo revela el hecho de haberme dado la oportunidad de pregonar sus fiestas, sin mayor mérito por mi parte.

Quede pues patente mi agradecimiento a la Corporación municipal y a todos los segureños, que, en todo momento, han ejercido sobre mí ambas virtudes. Sólo puedo decirles que, por mi parte, trato de corresponder con el cariño y afecto que siento por Segura y sus gentes.

Algunos amigos míos que han tenido la oportunidad de conocer este pueblo, han quedado encantados tanto del lugar como de sus habitantes.

Y es que Segura cautiva
a todo el que la visita
siendo hermosa su estructura,
siendo su gente sencilla

Acoge con simpatía
porque es tierra de señores,
No distingue de colores,
y es su nota la hidalguía.

Y ahora vamos a hablar de las capeas:

En relación a sus fiestas son las capeas la fiesta estrella y que pudiéramos llamar fiesta mayor de Segura.

Estudiosos e investigadores locales han tratado de desentrañar sus orígenes y su evolución a través de los tiempos. No seré yo quien les corrija o contradiga, pero sí quiero poner de manifiesto que las capeas de Segura, a mi entender, no responden al modelo clásico que se nos describe en los tratados sobre la materia. Su diversidad es precisamente la que las enaltece, prestigia y dignifica.

Podríamos resumir en cuatro apartados tales elementos diferenciadores:

En primer lugar el formato del que pudiéramos llamar "coso taurino". En segundo lugar su carácter totalmente gratuito. En tercer lugar la naturaleza de las reses que intervienen. Y En cuarto lugar la forma específica del toreo.

En cuanto al formato del lugar en que se desarrollan las capeas, la parafernalia segureña, comporta una previa y específica preparación del "coso". Se precisa cerrar todas las salidas de la plaza con grandes portadas y convertir en una especie de manga todo el trayecto que discurre desde el Pilarito a la Plaza de España.

Otra cosa es la preparación y construcción de los llamados "tablaos" y "troneras". Afanosamente los privilegiados segureños titulares del derecho al sitio, se esmeran en su construcción con notable entusiasmo. En ellos se instalarán los espectadores viniendo a ser como los tendidos, burladeros y barreras de una verdadera plaza de toros. La principal plaza de Segura adquiere así una nueva fisonomía con esta transformación, que de forma imperecedera quedará en el recuerdo de todos y en la que se llevará a cabo el espectáculo.

La segunda diferencia esencial de nuestras capeas con otras similares del ruedo hispano es la absoluta gratuidad para espectadores y participantes. El acceso a la plaza es en todo momento totalmente libre y gratuito. Ni existen porteros ni acomodadores.

En tercer lugar, y es la fundamental diferencia, la distinta naturaleza del ganado que va a correrse.

En la mayoría de las plazas de capeas se corre ganado de casta o al menos encastado y fundamentalmente machos. En Segura, por lo general, ni son machos, ni de casta o encastado el ganado que se utiliza, lo que no ha impedido que vacas ariscas y hasta bravas han sobresalido por sus accidentadas intervenciones y hayan merecido fama y notoriedad.

Finalmente, es la forma del toreo lo que da verdadero carácter a nuestras capeas. El tratarse de "ganado de carne" y no "de casta" y que altruistamente ceden los ganaderos para diversión popular de las capeas y posterior retorno al campo, obliga necesariamente a instrumentar una forma distinta de torear del modelo clásico, para evitar en lo posible cualquier daño o traumatismo que puedan sufrir los animales. Podemos decir que la generosidad de los ganaderos se ve afortunadamente correspondida por el exquisito trato que de los segureños reciben los animales, siendo escasísimas las lesiones que las vacas sufren al venir a las capeas.

El toreo de las capeas de Segura tiene que ser un toreo de recorte y a una sola mano, que lo único que provoca es la carrera del animal y muy raramente algún quebranto. Lo verdaderamente emotivo de las capeas de Segura es que se provoque la carrera del animal y se corra hacia el refugio con el consiguiente sobresalto de espectadores, pánico del corredor y final celebración jocosa de sus colegas.

Pero el que de una manera activa intervenga en las capeas ha de ser cauto, pues aunque generalmente las vacas suelen ser poco agresivas, de vez en cuando salta la liebre y no debe pillarle desprevenido.

A lo que sí ha de estar muy atento es a resguardarse de carreras y empujones de sus congéneres que pululan por el ruedo. Debe saber que la mayoría de las víctimas, entre comillas, de caídas, revolcones y atropellos suelen ser los más despistados. Y no será lo peor la caída o el revolcón (que siempre será de escasa importancia, ya que el Cristo de la Reja no permite graves accidentes en sus capeas), sino la guasa, el comentario, el ridículo, la burla y el cachondeo que ha de sufrir a continuación.

Y ésta sí es la verdadera salsa de las capeas, que no son otra cosa que un simple divertimento, plagado, en todo caso, de un rico anecdotario en el que no son el valor y el arrojo, sino el miedo y los apuros pasados los protagonistas. Por ello, las capeas de Segura pueden reducirse a dos palabras: emoción y sentimiento.

Importantísima es la masiva afluencia de visitantes, sobre todo el fin de semana que las capeas incluyen en su calendario: segureños no residentes en el pueblo y los amigos de éstos, vecinos de pueblos aledaños y menos aledaños constituyen la mayor cifra de afluencia. Por eso, las capeas, en realidad, ni siquiera requieren de publicidad porque, como el buen paño, en el arca se vende. Cualquiera que haya venido una sola vez a las capeas, ya se encarga de hacer la oportuna publicidad, y es que las capeas son:

Una fiesta singular,
en gran parte muy torera,
capaces de cautivar
a quienes a ellas vengan.

Podrá en ellas torear
y luego seguir la juerga,
en la verbena escanciar
el buen vino de estas tierras;
a algún chiringuito entrar
y una pareja encontrar
con quien compartir la fiesta.

Tal recuerdo llevará
de las capeas segureñas
que si con ellas no sueña
será de casualidad.

Y sin el menor rubor
y la mayor complacencia
las capeas pregonará
como la más bella fiesta.

En mi carácter circunstancial de pregonera, he de lanzar, por consiguiente, el mensaje de que el mejor regalo que podemos hacer a nuestros amigos foráneos es invitarles a las capeas. Vivirán unos días de locura, sin estar esclavizado ni al tiempo ni al espacio. El único horario válido, como buen espectáculo taurino, es el de la hora del encierro, que se cumple con rigurosidad. El resto del día y de la noche es totalmente incontrolado. Ni siquiera hay horario de comidas, porque cualquier hora es buena para comer, ni tampoco para divertirse, porque la diversión es de "sesión continua", aunque siempre sobrará algún tiempo para hacer o fortalecer buenas amistades.

Todo el que venga a las capeas tendrá garantizadas unas alegres y divertidas fiestas, además del privilegio de conocer mejor a los segureños que, como podrán comprobar, son unas gentes estupendas.

A la fiesta profana y taurina se une la festividad del Cristo de la Reja, como expresión del profundo sentimiento religioso de este pueblo. Un sentimiento heredado de nuestros mayores y arraigado en el corazón de todos los segureños. Un sentimiento que pone su énfasis en el Cristo de la Reja en cuyo honor se celebran las capeas. Soy privilegiada testigo del entrañable amor que los hijos de Segura sienten hacia su Cristo. Por ello, y para terminar, quiero hacerlo con unos versos que un segureño, para mi muy querido, dedica al Cristo de la Reja. Y dicen así:

Colgado de la Cruz, sobre una verja
el pueblo de Segura te venera:
fue tu imagen tallada en la madera
y tu nombre el Cristo de la Reja.

No fue un Martínez Montañés quien te tallara.
Ni si de piedra fueras,
una mano maestra te esculpiera.

Fue anónimo el autor que te creara
y el paso de los tiempos
quien más te embelleciera.

Tu derrochas amor de tal manera,
que cuanto más distancia nos separa
tanto más cerca te quisiera.

Fundo en la distancia tu recuerdo
Con los tiernos recuerdos de mi infancia:
en recrearme en ellos yo me empeño
y proclamo con orgullo
mi origen segureño.

Quiero enormemente al Cristo y a mi pueblo,
porque si ambos conceptos los trasciendo,
Dios y Patria estoy diciendo.

Muchas gracias

Ángela Díez Riaza
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