Segura de León


Quedan 274 días para las Capeas 2018
Mapa del Sitio Agrandar Reducir Restaurar

Hemos recibido
2344057
visitas desde el 13/03/1998

Ver Estadísticas

Pregón Capeas 1999


Ilmo. Sr. Alcalde y Concejales

Distinguida Vaquera Mayor y Zagalas

Segureños:

Con verdadero orgullo me dirijo a todos vosotros en este acto tan entrañable del Pregón de las fiestas del Santísimo Cristo de la Reja de 1999.

Enseguida os habréis preguntado ¿Qué hace ese médico, desconocido para la mayoría de vosotros, haciendo el pregón de este año?

Os respondo enseguida: Tengo el honor de representar en este acto al Equipo Médico que desde hace muchos años, cerca de 20, viene prestando la asistencia medica en vuestras popularísimas capeas

Hace aproximadamente 20 años tuvimos la suerte de asistir a un festejo taurino que se celebró arriba en vuestro magnífico castillo y desde entonces, ininterrumpidamente, todos los años por Septiembre, se produce esta pequeña historia de amor entre Segura y los médicos del equipo, como popularmente nos conocéis.

Digo historia de amor, pues aunque pueda sonar un poco a novela rosa, existe de verdad una química especial, que nosotros hemos podido constatar, entre los visitantes a las capeas y los propios segureños.

El que acude por primera vez, se contagia rápidamente de este maravilloso espectáculo en esta secular plaza, de sus gentes, de sus calles, de ese guarrito frito, y de tantas otras cosas, que hacen que se repita la visita año tras año y máxime, como es nuestro caso, si podemos colaborar con nuestro granito de arena al buen desarrollo de las fiestas.

No quiero aburriros con un largo y pesado pregón pues como debéis saber, los cirujanos somos hombres de pocas palabras y mucha acción.

Pero al encomendarme el Alcalde la realización del Pregón, pensé en contaros algunas anécdotas de nuestro trabajo, porque no todo es tragedia, y algo de la historia sanitaria de Segura.

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, se describía a esta villa como sigue: Situada en un collado, circundada por dos valles, con un clima bastante frío y aunque en el verano se experimentan algunos días de calor excesivo, no son muchos, pero luego que llega la noche se logra frescura bastante, sin exceso, con lo que se modifica el calor del día.

Su vecindario es de 700 vecinos, con unas 550 casas, estando sus calles en buen estado en cuanto lo permite su agria situación, con regular limpieza y aseo, con un ancho regular las más de ellas y algunas algo angostas y llanas pocas, pues las más son bastante pendientes.

Los naturales de esta villa son de bastante estatura y robustez, pero no hay hombres de la gordura que suele haber en otros pueblos ("digo yo que ser de subir y bajar calles").

Se puede asegurar que por lo ordinario se disfruta de muy buena salud en esta población (costumbre que se mantiene) y respiran buenos aires, dando motivo a estas ventajosas comodidades lo escollado de la situación, las buenas aguas y las sinceras emanaciones de la sana masa de tierras que la rodea, motivando esta atmósfera benéfica, limpia de malos hálitos.

Las enfermedades más ordinarias son las constitucionales, estacionales u otras que tienen origen en algún motivo eventual, a que indiferentemente est expuesta la naturaleza (vaya diagnostico que se hacia entonces......). Se curan con los medicamentos y remedios comunes, siendo muy frecuente el uso de las sangrías y de la quina para las tercianas, sola o mezclada con algunos cordiales frescos (en ese tiempo por lo que vemos no había ni antibióticos, ni aspirinas, ni nada; cordiales frescos).

Un ruego importante que se elevó a la autoridad en aquellos tiempos era la construcción de un cementerio ya que el que existía en la ermita de San Roque, en la calle de las Monjas, sólo se enterraban a los pobres de solemnidad. Pues bien, contiguo a esta ermita existía una casa, que llaman Hospital, pero que sólo sirve para recoger a los pobres que andan mendigando o ser refugio de vagantes a pretexto de pobres infelices. Esta casa y la contigua, habitada por el peón público, debe demolirse y construir el cementerio, que es obra de santa necesidad y así se evitan los perjuicios ya comentados.

Volviendo al presente, quizás alguno de vosotros que me estáis escuchando, haya tenido que visitarnos en la enfermería que montamos en el Centro Médico: unos para curarse de raspones sin importancia y otros con problemas más serios, que hemos tenido que operar en la enfermería o en nuestro hospital de referencia.

Si habéis tenido ocasión de leer la Revista de este año, en ella escribí un breve artículo donde hago unas reflexiones acerca de que hay algo o alguien que vela por todos nosotros, tanto a los aficionados que corren las vacas como a los sanitarios que cuidan de ellos, alguien que impide que las cogidas o lesiones de los mozos y los que no son tan mozos, tengan una gravedad máxima a pesar de ser la voltereta más espeluznante o haberse ensañado la vaca en tal o cual tronera.

Ese alguien para mí y para el resto del Equipo, lo tenemos muy claro. La sombra del Santísimo Cristo de la Reja, en forma de capote, actúa todas las tardes, estando al quite en los numerosos lances con peligro que se suceden en cada capea.

Claro que cuando se sucede la visita a la enfermería, se produce una pequeña transformación en el aficionado lesionado. Si trae con el la adecuada anestesia, ya me entendéis, como es la norma, dolor no se siente, pero el miedo al hule que dicen los toreros, no se lo quita nadie.

Recuerdo en una ocasión, acudieron al mismo tiempo tres aficionados que fueron cogidos en la misma tronera, propinándoles la vaca a los tres la misma cornada, en aquella zona noble donde la espalda pierde su honroso nombre.

Una vez operados en la enfermería y pasados los momentos lógicos de preocupación de familiares y allegados, se sucedían los abrazos entre los corneados llamándose ¡Hermano de cornada! !Hermano de sangre! En fin..., amigos ya para toda la vida.

Llevamos 20 años como he dicho, asistiendo a las capeas, al igual que desde hace más años, nos hacemos cargo de muchas enfermerías en diferentes plazas de toros y festejos populares de toda la provincia.

Fue por los años 60, y a raíz de un lamentable suceso acaecido en una plaza de toros de una pequeña localidad en una provincia limítrofe a la nuestra, cuando se formó el primer Equipo móvil para cubrir esta asistencia médica. La antigua Delegación de Sanidad, adelantándose a los actuales Reglamentos Taurinos, encarga a un grupo de médicos esa delicada tarea.

Y digo delicada por no decir heroica pues en ocasiones nuestra labor se tiene que desarrollar en los lugares más inverosímiles.

Todos los componentes del Equipo podríamos contar y no parar hasta mañana, de las múltiples vicisitudes en que nos hemos encontrado a lo largo de estos años.

Recuerdo el haber operado encima de la barra de un antiguo bar, habilitado a última hora como enfermería. En el catre matrimonial de una simpática pareja de abueletes, que al preguntarles porqué no había suficiente luz en la alcoba, me responde el marido. "Pa lo que hay que ver aquí, es suficiente"

Aparte de médicos, hemos tenido que actuar de casi todo en algún que otro festejo. Vamos se puede decir que menos montamos en el caballo del picador, de todo. Desde perseguir con nuestro coche vacas escapadas entre el tiroteo de la Guardia Civil, apuntillar la vaca, ayudar a los mozos a coger la vaca, operar caballos de rejoneadores, vender entradas... ¡En fin, múltiples oficios!

No en todas las poblaciones que acudimos tenemos la suerte de tener las instalaciones que pone a nuestra disposición este Ayuntamiento de Segura de León. El remodelado Centro Médico cumple con creces la normativa vigente sobre enfermerías de los espectáculos taurinos.

Las facilidades, al apoyo y sobre todo la amistad que demuestran todos los segureños para con el Equipo, desde el Alcalde hasta el último vecino, es otro dato importante a destacar Cuando llegamos a eso de las dos de la tarde para esperar la capea, la asistencia a la copa del ganadero, las múltiples invitaciones para comer en esta o aquella peña, en fin, toda una serie de atenciones que hace que todos nosotros enseguida nos identifiquemos como un segureño mas, sintiendo y comprendiendo ésta peculiarísima fiesta como algo muy nuestro, algo muy distinto a esas otras tardes de toros por nuestra geografía extremeña.

El sólo hecho de poder estar aquí, y presenciar las capeas en este incomparable marco de la plaza mayor, donde vienen celebrándose los festejos como mínimo desde el siglo XVI, es sobrecogedor.

Pensar que desde tantos años se celebran de forma similar, levantándose este tipo de arquitectura efímera a base de madera, hace que por nuestras venas corra un cierto orgullo por poder estar participando en este espectáculo sin igual.

A veces da miedo el pensar que con tanto gentío, las maderas puedan venirse abajo. A lo largo de estos años hemos visto caerse tendidos de diferentes plazas portátiles que no aguantan el peso de los confiados espectadores. En una ocasión desapareció la banda de música en medio del festejo, a los sones de España cañí porque las viejas maderas no resistieron el peso del músico del bombo. Imaginaos el susto y cómo se puso la enfermería: " Abarrotá "... Pero como en tantas y tantas ocasiones, las lesiones milagrosamente quedaron en magulladuras o fuertes traumatismos. ¡¡¡ Hay que dar siempre tantas gracias !!!

Pudiera caerse en la creencia de que como nunca pasa nada, o pasan pocas cosas, el Equipo Médico no es necesario. En tiempos pasados así ocurría: el empresario organizador de tal o cual festejo, con intención de ahorrarse este gasto, se olvidaba (entre comillas) de pedir la asistencia del Equipo.

Afortunadamente, el actual Reglamento impide que se den estas circunstancias y así los valientes aficionados que corren las vacas o los propios profesionales que viven de esto, salen a la plaza con la seguridad de que la enfermería está atendida por un grupo de profesionales dispuestos en todo momento a reparar lo que aquella traidora vaca destrozó o lesionó.

A este grupo de profesionales, les llamaría yo grupo de valientes aficionados, pues si para salir a la plaza hace falta valor, también hay que tenerlo, y mucho, para poder lidiar todo el ganado, dicho esto con el máximo de los respetos, que llega a la enfermería.

Pero una cosa sabemos que tenemos a nuestro favor: Vuestra comprensión, vuestra ayuda y el hecho de que todo el pueblo se alegrar si estamos en el paro tarde tras tarde.

SEGUREÑOS:

¡¡ Recordar que las vacas son democráticas y lo mismo cogen al cura que al concejal !!

¡¡ Qué no nos veamos en la enfermería !!

¡¡ Viva el Santísimo Cristo de la Reja !!

¡¡ Vivan las capeas de Segura de León !!

Isaac Ambel Albarrán
Página Web realizada por  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - Segura de León - 2008
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons | Aviso Legal | Bibliografía
CSS Válido! Valid XHTML 1.0 Transitional Licencia Creative Commons