Segura de León


Quedan 274 días para las Capeas 2018
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Pregón Capeas 2000


Dña. Fátima Gómez MedinaDña. Fátima Gómez Medina

Vaquera Mayor, Zagalas, Sr. Alcalde, Autoridades, Queridos segureños y amigos de las Capeas, buenas noches.

Otro año de nuevo nos encontramos reunidos en nuestra plaza que ya transformada luce sus mejores galas para dar comienzo a los seis días mas esperados por todos.

Todos los pregoneros han comentado su ilusión, nervios y entusiasmo por estar esta noche aquí. Sensaciones que hace días y ahora mas que nunca están también en mí.

Igual que ellos, agradezco el ofrecimiento y oportunidad de compartir con vosotros sentimientos y vivencias.

Este año, como ya sabéis las capeas han sido declaradas fiestas de interés turístico regional. Esto, además de suponer un mayor reconocimiento y prestigio de nuestra fiesta y nuestro pueblo, debe servirnos como incentivo para respetar aún mas nuestras tradiciones; mejorar si cabe el trato que damos al "ganao" y esmerarnos en que sea aun mayor nuestra hospitalidad.

Invierno largo en mi pueblo segureño
tranquilo duermes como un chiquillo.
Dos centinelas velan tu sueño
a un lado el Monumento, al otro el Castillo.

Anhelados reverdeceres de abril y mayo
renuevos de vida de los olivares y la sierra.
Encina que cada primavera reviste tu manto
dormitorio centenario de vacas viejas.

Estío duro entre el pasto seco y la retama
tierra forjada de vientos, sol y brazos.
Ardila que bajas a tu ribera a refrescarte la cara.

Y como siempre, siempre hay un Septiembre esperando
y tras él ansiaremos las nuevas bendiciones del otoño.

Entramos en un nuevo milenio con un especial atractivo y por parte de los más mayores, por qué no decirlo, con un poco de miedo y recelo.

Temor por nuestras raíces culturales, costumbres y tradiciones en este nuevo siglo de Internet y ordenadores.

Pero no os debe preocupar, nos habéis enseñado a apreciar, hacer nuestra y querer a esta fiesta.

Los jóvenes sabemos que sois la historia viva de nuestro pueblo. Fuente de la sabiduría y experiencia que nos hace falta. Sois imprescindibles al igual que las nuevas generaciones en esta Capea presente que es también Capea de pasado y de futuro.

¡Cuánto os tenemos que agradecer!.

Gracias por esas tardes apacibles en, que traéis a la memoria recuerdos entrañables de niños corriendo por las eras, de Fuente del Caño, de Pilarito y de Capeas.

Gracias por tantas noches familiares de historias compartidas con entusiasmo donde boquiabiertos escuchábamos relatos de Azaña, Casares o Benito Pina.

Gracias por reemplazar la fantasía propia de los cuentos infantiles por el miedo real que sentíais y la emoción que daban vacas como la Centella, la Ceniza, la Fandanguera, la Joreá o la Gacha.

Gracias por inculcarnos con vuestro ejemplo el amor a una tierra un castillo y seis maderos.

Cada generación tiene distintas vivencias que en el fondo son idénticas, porque idéntica es la pasión con que jóvenes y mayores sentimos por nuestro pueblo y nuestras fiestas.

Vieja estirpe de artesanos, orfebres de la madera que un día levantaron con sus manos esta armoniosa estructura de tablas y palos, estructura que se mantiene intacta con el paso de los años.

Y en una esquina un guiño un signo, una seña... llave también de madera que abre las puertas de una fiesta: nuestra Tranca, símbolo de Capeas, insignia y bandera segureña.

Vaquera y zagalas: un pedestal se alza para vosotras en este jardín de madera. Habéis sido elegidas para ocupar ese lugar en clara representación de la mujer segureña. Mujer sencilla, inquieta, solidaria y decidida. Capaz de expresar sus necesidades, de tomar decisiones y promover iniciativas.

Debéis vivir esta experiencia y compromiso con humildad pero orgullosas. Orgullosas por lo que significa lo que hoy sois y por lo mucho que representáis.

Nos adentramos en un día de Capeas. Vaqueros y caballos son los primeros en saludar la mañana. En el campo pondrán sus últimos empeños en hilvanar una buena Capea y que salga una bonita entrada.

Sobre las dos de la tarde las pandillas se dirigen a la calle de La Fuente:

Aparecen los primeros "corchas" con sus pañuelos morados.

Los de "la tomatera" se empeñan en que probemos su vino.

Mas adelante nos paran, y tomamos la primera cerveza con los "mosquitos".

"Chinchetas" y "astutos" comentan entre litronas y risas peripecias de la verbena.

Se escuchan las primeras canciones que provienen de un grupo de "macavis".

¿Pero hombre vosotros así...? "venenos" y "burrancos" bebiendo refrescos, ¡cómo estaría anoche Madrid!

Y ya en la bodega, la mejor copa y charla con mis amigos, con los de "la breva".

Dicen que vienen por el camino... que ya se ven los caballos... que vienen muy ligeras... que hay vaqueros en los portillos...

Rumores que corren como la pólvora de los colegios a la plaza,

La calle empieza a ponerse nerviosa.

Aparece en los jóvenes corredores una mezcla de valor y de miedo contenido, de intranquilidad, de gusto y hasta necesidad por el riesgo.

¡Ya están las vacas en las calles!

Ya empiezan las carreras. Carreras que van en proporción con la resaca, mientras más pesan las piernas mas ligeras parecen las patas. Es decir, cada vez parece mas lejos la plaza y es verdad que están mas cerca las vacas.

La esquina de la botica es un auténtico hervidero, se avivan los cánticos y crece la emoción por momentos.

La calle de La Fuente se convierte en una vertiginosa catarata de color y de vida, vena de sangre que fluye caliente al corazón, a la plaza.

Tras un respiro ya mas tranquilo y una vez contadas las vacas, llega la siesta.

Tiempo del guarrito, del bacalao y la tortilla.

Tiempo de enredarse con la copa y con la charla.

Nuevos encuentros y nuevos saludos. Citas casuales de todos los años.

Tiempo en que las pandillas montan sus comilonas y juergas en esas cocheras donde el humo de los coches es sustituido por el aroma de paellas y barbacoas.

Cuando apenas veinte minutos faltan para las seis, un hormiguero humano se esparce por las calles mas céntricas de nuestro pueblo buscando el lugar común de encuentros, la plaza. Plaza que se va convirtiendo en un mosaico de colorido y algarabía en el que cada pieza humana va encajando en el mismo sitio año tras año.

Mosaico humano en el que siempre falta alguna pieza.

Piezas que dejan un hueco difícil de rellenar.

Y mas aun, cuando la rabia y la impotencia humana nos impiden entender que ya cumplieron su misión en la tierra y por eso marcharon antes que nosotros a formar un gran puzzle de estrellas en el cielo.

Y contando ya los minutos que anteceden a las seis, ganadero y vaqueros apuran los últimos sorbos de café mientras concretan su particular estrategia.

Y por fin estallan las seis, remolinos de vacas, polvorín de bravura, incertidumbre en la arena y expectación en los tablaos.

Impaciencia de los vaqueros porque una primera vaca rompa hacia la corralá y arrastre tras ella al resto de la manada.

Seguidamente palos que golpean la corralá. Golpes de alerta. Señales inequívocas del lenguaje original de Capeas.

En breves momentos la primera de la tarde salta a la arena.

Jóvenes y arriesgados toreros se empeñan en que cada vez sea mas corta la distancia entre los cuernos de las vacas y sus vaqueros.

Y de pronto una camisa de torería de leyenda, en la mano un trapo que empapa juventud, veteranía y arte. Destellos amarillos y rojos que una y otra vez surcan la plaza, Canuto, maestro de maestros. Siempre en el escalafón del toreo en este nuestro ruedo segureño.

Tardes de colores en las que ver el negro también da alegría. Sotana encanecida por el polvo, anécdotas y vivencias toreras. Prenda religiosa esta vez venerada por el culto a nuestra fiesta.

Tardes llenas de misterio en las que ante una caída o tras un revolcón siempre aparece una mano amiga, mano también presta a hacer un quite o abrir hueco en una tronera.

Prolongación humana del Cristo en la ]plaza,

En esta cadena de tradición que es la Capea eslabón imprescindible es el ganadero.

El día de su Capea, de nuestra Capea, no es sólo para ellos un día de juerga, copeo piques y alabanzas, detrás de todo esto existe una preocupación, incertidumbre, intranquilidad o "gusanillo" como ellos llaman.

Ganaderos que unen sus entusiasmos a partir del día en que reunida la Asociación concretan las Capeas. A ese día le siguen muchos momentos de trabajo, esfuerzo y empeño.

Por eso, ante este compromiso y entrega desinteresada, es fácil entender el sentimiento de un pueblo agradecido que lo levanta en hombros mientras estallidos de aplausos sacuden la plaza en un abrazo.

Rematamos el día con la verbena. Pandillas de jóvenes, mayores y niños se funden en una sola. Y ayudados por el tono y el ritmo que marcan los músicos y los cubatas, lo mismo bailamos rock and roll que sevillanas.

Los segureños compartimos muchos gustos y sentimientos, también aversiones, pero tengo la certeza de que lo más sencillo, bonito y sincero que compartimos es nuestra actitud hacia el Cristo de la Reja.

Señor de la reja: Para todos nosotros Tú siempre eres accesible.

Desde que nacemos, a esa primera visita en brazos de nuestras madres agradecidas, le suceden otras muchas en las que poco a poco te conviertes en algo inseparable a todo segureño.

En esta ocasión eres Tú el que nos visitas a nosotros. Todo tu pueblo te ha acercado en hombros a sus calles. Este y otros momentos de adoración colectiva que no chocan con nuestra necesidad de mantener conversaciones privadas contigo porque sabes, que cuando solos callamos ante ti es cuando mas cosas decimos.

Protagonistas de nuestras fiestas:

Becerrillos novillas vacas viejas, sin divisas ni hierros rimbombantes, pero que sois y hasta os sentís segureñas.

Vaqueros y caballistas. Nada tenéis que ver con Forito, Domeq ni con Bohorquez, pero ¿quien os va a envidiar a vosotros que arreáis el ganado y templáis con el caballo tan sencilla y a la vez tan sabiamente?.

Toreros. Que no tenéis capote de paseo ni capillita propia.

Aquí no tenemos murubes, vitorinos ni torrestrella, pero si todos los ganaderos fueran como los nuestros... otro gallo les cantaría a la fiesta.

Público segureño y público de fuera. Nosotros no sacamos pañuelos, ni concedemos orejas, pero cuando acaba la Capea ponemos la carne de gallina a cualquiera.

En definitiva, vaquillas, vaqueros, caballistas, toreros, ganaderos y publico. Sin duda de Segura y Capeas santo y seña. Casi nada sabemos de Maestranza y nunca pisamos albero en las Ventas ¿pero quien me dice a mí que el día que marchemos no lo haremos orgullosos porque un día pisamos arena y tierra en plaza segureña?

Pero... ¿es la Capea sólo una semana?. ¿Tan corto espacio de tiempo?.

¿Acaso no es Capea cuando en una tarde de enero un niño se convierte en vaquilla y otro con un trapo en torero?

¿No lo es cuando unas chiquillas subidas en una acera y con un trapo viejo por mantilla imaginan que son vaqueras?

¿No es Capea cuando en una mañana de primavera un veterano ganadero al llegar a Jigonza encuentra a la de los ojos negros paría y encendiendo un corto cuenta los meses que para Capea tendrá la cría?

¿Quién dice que no lo es cuando en una ciudad como Madrid, Sevilla, Barcelona o donde quiera que sea, se encuentran unos segureños y sin darse cuenta una misteriosa atracción les hace terminar en la barra de un bar hablando del Cristo, de Segura y de Capeas?.

No. No puede resumirse en tan poco tiempo algo que es una forma de vida, un sentimiento.

Fátima Gómez Medina
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