Segura de León


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Pregón Capeas 2003


D. Domingo Medina DomínguezD. Domingo Medina Domínguez

Vaquera Mayor, Zagalas esta es vuestra noche, esta es vuestra capea; disfrutadla y sentios orgullosas del momento que os ha tocado vivir en representación de la imagen de la mujer segureña en nuestras fiestas.

Señor alcalde, autoridades locales, vecinos de Segura, amigos del pueblo segureño, buenas noches.

Aún no había salido la última vaca de la plaza de la Capea 2002, cuando entre maderas sufridas, cuerdas aflojadas por el aliento del que empujó y alambres retorcidos y acaecidos por el sentir del que se va, la mente ya estaba puesta en un año menos siete días, en esta noche de pregón.

Pasó aquella Capea y llegó la "otoñá". Bendecida por los cielos con un Noviembre salpicado por la intención de la lluvia, apuntando con letras de oro que este invierno iba a ser bueno.

Justo premio y recompensa al esfuerzo del ganado y ganaderos, que durante seis días nos hicieron sentimos dueños de nuestra propia fiesta y anfitriones de un placer compartido.

No hizo falta jurarlo, pues en Febrero y Marzo la campiña de Segura rompió a llorar de vida y alegría con un verde esperanza que inundó de ilusiones y buenos deseos a ti segureño-segureña que vives del campo, a ti segureño-segureña que disfrutas con el campo.

Como caudal imparable de una fuente inagotable de vida fue llegando el buen tiempo.

El paisaje fue poco a poco dejando atrás el verde campestre para pasar a un estallido de amarillo añejo con sabor a pasto y recogida. Fruto de la paciencia y sabiduría del tiempo y sementera.

Atrás fuimos dejando el día a día de un pueblo entregado a su trabajo, viviendo con la ilusión de poder estar un año más disfrutando de las Fiestas del Santo Cristo de la Reja.

Fueron cayendo del calendario Carnavales, Semana de Pasión, los San Isidro, este año comicios electorales, los San Roque, por fin la Tranca para poder contar que hoy para todos es la noche del pregón.

En la vida de cada uno de nosotros van surgiendo momentos importantes y a mí me ha llegado uno de ellos: el de ser Pregonero. Lo pongo con mayúsculas ya que para mí el estar aquí esta noche más que un orgullo es una satisfacción personal que hoy veo cumplida.

Por eso me vais a permitir agradecer desde este balcón de la palabra a quién un día confió en mí y me ofreció como a tantos otros, pues ya somos treinta y siete, pregonar la Capea de Segura de León.

Treinta y siete pregoneros, treinta y siete gargantas con una misma misión pero con varias finalidades: por un lado reunir a todo un pueblo en esta mágica noche de Septiembre en nuestra Plaza Mayor, por otro dar el pistoletazo de salida, el comienzo a la diversión, al disfrute, a la ilusión, a la convivencia,... a la Capea; y por último, pregonar a los cuatro vientos, espolear a diestro y siniestro que de aquí al jueves Segura, Segura está en Fiestas.

Pero no sintáis envidia por mí por estar aquí esta noche, pues simplemente soy uno más de vosotros, uno de tantos.

¿Quién no se ha sentido pregonero alguna vez?

¿Acaso no es pregonar relatar cada uno a su manera las vivencias, los momentos, experiencias y el transcurrir de la Capea?

Segura, tierra de emigrantes, como fiel pueblo extremeño.

Aquél que fue partiendo, llamado por la necesidad del trabajo, llevo tres partes de Segura consigo: el recuerdo a la familia, el Cristo de la Reja y la Capea.

Estar lejos de Segura, disfrutar en otras fiestas siempre diferentes y distintas a la nuestra; comenzar a hablar de nuestra villa, de su gente, de estos días de Capea, cómo el pueblo se transforma cual revolución se produjera; pues eso amigos, eso es pregonar y eso en algún momento todos lo hemos hecho.

¡Qué orgullosos nos sentimos al contar, al compartir con los que no conocen, en la distancia de nuestras casas, de nuestro pueblo cómo se divierte Segura en tomo a su Cristo, a una tranca, a una Vaquera y sus Zagalas, a una plaza, a un encierro, a una vaca...!

Sentimientos encontrados en un día de Capea.

En cualquier ámbito de la vida ya sea social, familiar, cultural... no podemos ni debemos renunciar a nuestras raíces. Son la razón de nuestro ser.

Removamos un poco en las cenizas de la historia de la Capea y sintámonos afortunados por su devenir.

Si nos paramos a pensar no han sido tantos los cambios que se han producido en la Capea desde que surgieron, hasta ser hoy consideradas Fiestas de Interés Turístico Regional.

No está al alcance de todos sostener que debemos volver la vista atrás, hasta el año 1.300 para comenzar a hablar de vacas en nuestro pueblo.

¿Qué no era como ahora? Seguramente no en la forma pero sí en el fondo: mismo escenario, misma esencia, misma ilusión.

Todos los comienzos son difíciles.

Varios han sido los nombres que sirvieron para denominar a nuestra fiesta: "del correr toros", "toreo de vaquillas", "concurso de ganados" hasta llegar al tradicional nombre de "Capeas".

Ante la oposición y la negativa de un gobernador tras otro, año tras año, se alzaba la voluntad y el tesón de un alcalde tras otro.

Porque esta ilusión y estas ganas con las que nos encontramos aquí esta noche las hemos mamado de nuestros antepasados, de esas personas que un día lucharon por ver recompensado su esfuerzo diario en años difíciles, frente a toda clase de problemas y adversidades y poder gozar así unos días de un premio merecido.

Porque en Segura fuimos distintos hoy podemos hablar de Capea.

Pueblos vecinos tuvieron que levantar plazas para sus festejos taurinos.

Segura no.

Segura se opuso y resistió.

¿Para qué queríamos más plaza? Envidiable coso taurino, escenario capital de la vida segureña, que hoy afortunados disfrutamos y aprovechamos cual diferencia entre la Ventas, Vistalegre o la Maestranza no se observa.

Concurren unos días en que para nosotros nuestra plaza es el centro del Universo, no hay cabida para otro espacio en nuestra mente.

¿Os acordáis de la fuente?

Yo encuentro recuerdos lejanos.

Repasando alguna foto vieja refrescamos la memoria.

Tardes de risas entretenidas con oscuras chaquetas y mascotas de ala ancha envolviendo a la fuente para intentar sacar a la atrevida vaca.

Vacas sujetadas "a garrote" después de una entrada.

Esquinas abiertas.

Tarea difícil para cualquiera menos para la figura del vaquero.

Por las tardes el tío Ramírez, el "pollo", o mi abuelo Joaquín "el pintao" ya se encargarían de cerrarlas con algunos palos viejos, con algunas puertas que sobraran.

Hoy prima la seguridad ante todo.

Vemos recompensado el esfuerzo de un Ayuntamiento que durante muchos años trata de mejorar poco a poco, pero con grandes pasos, nuestra Capea.

Ya no hay vaca que se escape ni esquina que lo permita.

Es la Tranca el símbolo y la identidad de nuestra fiesta. Atrás quedaron los años en que el pueblo esperaba expectante verla colocada para poder decir que hay capea.

Personaje imprescindible en una noche de verbena. Carrera de niños simulando ser vaca. Colocada en su sitio, una vez más, "Ahí está lo que hay" este año ya hay capea.

Capeas y Cristo de la Reja, Cristo de la Reja y Capeas, unidos, inseparables desde hace ya doscientos años.

Si campeas por Gigonza,
bajamos por las cañadas,
vienes de tierra andaluza,
caminante a ti te espera
una visita devota
al Santo Cristo de la Reja.

Un catorce de reunión
a la sombra de tu ermita
caminan un año entero
pilares de agua bendita
corriendo por tus adentros,
fluyendo de tu venero.

En un rincón de la plaza
vigila, tu imagen pura
Con capote de oro y grana.
¡Tú siempre estarás en vela!
¡Tú siempre estarás al quite!
¡Santo Cristo de la Reja!

Amigo, fiel compañero de nuestro Cristo es el Castillo. Altivo y dispuesto una vez más, presidiendo esas tardes de toreo. Recordando a toreros viejos, viejas vacas, grandes momentos. Este año se viste más que nunca de etiqueta para recibir a su bella dama, la Capea.

Sentimos el anticipo en el repiqueteo de martillazos, golpes, puertas acarreadas; cualquier palo, cualquier tabla vale.

Siempre en compañía de la familia, los amigos de antaño, o los que surgen ahora. Sabemos que cada tablao, cada tronera es como una de nuestras casas, donde se dan todo tipo de relaciones antes, durante y después de montarlas.

Abrimos el relicario de los sueños de cualquiera de nosotros y vemos que hoy toca Capea.

Primera cita: la esquina de la botica, la entrada.

Poco a poco confluyen en la esquina un variado repertorio de gente de la Capea:

El que bajó a tomarse una copa.

El que se la tomó en la plaza.

El que no le dio tiempo a tomársela.

Comienza un murmullo sobre el paradero del encierro y casi en un suspiro de tiempo abrumados por la incertidumbre de la duda, cada cuál busca refugio alentado por su propio instinto, pues la belleza de la entrada desde cualquier lugar se observa.

Unos ocupan su sitio natural en el tablao, otros al aguardo en la tronera, aquél en la reja del "Lemo" y en la botica...

El que quiere canta, el que no espera y el que espera desespera con la mirada puesta en el infinito de la calle. Mientras, comienza la banda sonora de la Capea: "ya llegó el verano", "culo a la pared", "semos de Badajó", "Al bote, al bote"...

Y los que allí nos encontramos repetimos frases año tras año:

-¡una negra la primera!

-¡vamos que ya están aquí!

-¡que viene de lao a lao!

Una bicha entra en tu cuerpo, tus piernas de traicionan y aunque tú no quieras comienzas a correr.

Te olvidas de la copa que no pudiste apurar.

Los primeros ya están a buen recaudo. Los del medio recelosos de su suerte, no miran ni hacia atrás por aquello de "ojos que no ven corazón que no siente”.

¿Y los de atrás? ¡Ay los de atrás!

Confiados, arriesgados, atrevidos, inseguros, expectantes de un destino incierto, ¡Comienza el sprint final!

¡Si te empujo es que me empujan,
y apretados vamos ya,
aquella negra ya está encima
y si no es negra qué más da
por el rabillo del ojo la pude yo mirar
sus intenciones no eran buenas
aún hay que apretar un poco más!

Llegamos a la plaza como una meta deseada.

Puñado de imparables segundos de gloria, cuyo premio es un hueco en una tronera imposible de encontrar, pero siempre, siempre hay una mano amiga que te habrá de recompensar.

¡Que aquí se cabe! ¡que la entrada es así, y ya está!

El que no corre, disfruta del espectáculo.

Sentado en primera fila con abono de tendido gratuito espera que la esquina se retuerza y comience la carrera final.

Cámara en mano, preparada para poder inmortalizar la magia, el gentío, la algarabía y su emoción que no hay detalle que se pueda dejar escapar.

¿Y si vienen a caballo?

Perfume añil y mohíno
con sabor a foto vieja.
estampa de las de antes
campanas lejanas suenan.

Por la sombra de un cortijo
camina una yegua nueva,
tropel de vaca bravia
cañada arriba resuena.

Quién te ha visto amanecer,
dejar atrás la dehesa,
carreras por la ribera
deja el camino correr,
encomienda tu destino
que un pueblo a ti te espera.

El estandarte, una garrocha
apuntando en letra yerma,
que me guíe, que me ayude
Santo Cristo de la Reja.

Sonido de casco hendido,
olor a pezuña quemada.
En la calle de la fuente
aparta una vaca brava
¡Que despunte, que remeta,
que haga bella la entrada!

Y detrás una veintena
de reses acompasadas,
con paso firme y seguro,
con otras yeguas lozanas.

Ovación merecida,
el tendido aflora palmas.
Segura está emocionada,
es el clamor en la plaza.

Vuelta al ruedo triunfal,
arena de coso ganada.
Regresa con paso alegre
¡ahí quedaron las vacas!

Pero parada obligada es hablar del ganadero.

Cada año es reconocida su labor por todos y cada uno de nosotros, ya sea en la revista, desde este balcón o cualquier opinión, pues nunca encontraremos suficientes palabras de agradecimiento por su aportación desinteresada a su fiesta, a nuestra fiesta.

Ese ganadero orgulloso no cabe de gozo, se salé del pellejo cuando ve como ese pequeño capital que cada día, cada mes, cada año, a él le da el sustento para su familia. Hoy no pasta en Gigonza, no, ni en Najarro, el Veinticuatro, Tinoco, la Cabecita, ni en las Hesillas, Martín Gómez, Casablanca, ni en Ardila tampoco, no. Hoy su ganado pasta y abreva entre arenas de ribera, maderas que apuntan al cielo y tablas encrucijadas, el castillo por testigo, una muchedumbre emocionada y un mayoral de lujo, el Santo Cristo de la Reja.

Y me vais a permitir que este año personalice la imagen del ganadero, con el respeto a los demás, en la familia Garrido. De haberle tocado a cualquier otro miembro de la Asociación de Ganaderos "Pro-Capeas" hubiera hecho lo mismo.

Nubes de otoño amenazan marea
dejando atrás el caluroso estío,
robando la ilusión al gentío,
nubes cortando el paso a la capea.

Frente a todos, el esfuerzo personal
el arrojo, el empuje ganadero;
un nombre entregado a un pueblo entero,
¡Esas vacas se torean al final!

Porque esto pasó en Segura un 17 de Septiembre, el 18 también llovió. Ni nada ni nadie pudo impedir que esa tarde hubiera vacas en la plaza. No solo aprendimos del sentir de un pueblo hacia su fiesta, también aprendimos del valor del ganadero; de la voluntad de cada uno de los que estuvimos ahí debajo de un tablao aguantando el chaparrón. Y nos daba igual que parara, queríamos que siguieran saliendo más vacas. Y también aprendimos de aquéllos y aquéllas que se tuvieron que quedar en casa con la impotencia de perder una tarde de capea. ¡Enhorabuena a la asociación de ganaderos!

Después de unas copas, unas tapas, unas charlas a la sombra de un medio día sin siesta…

...llegamos a la siguiente cita importante del día: a encerrar.

La media tarde toca a su punto. El sol, que se ha ido remontando lentamente, se encuentra en lo más alto del cielo, presidiendo cual autoridad competente una tarde de toreo.

Cada reloj marca la hora exacta para que se abra la córrala. Como manda la tradición en una tarde taurina, la puntualidad se hace presente y se oye aquello de "a encerrar que se va la tarde ".

Todos encerramos, empujamos, ayudamos, para que la fiesta continúe.

Momento sublime y bello del día.

Estampa ganadera.

Vacas arremolinadas. Palos en alto. Una novilla despunta sacando el ¡ay! entre silbidos, brazos lanzados al viento.

Mientras, una vaca vieja coge el camino del encierro y enseña a las demás que ella ya estuvo en otra Capea.

Es la oportunidad para acomodarse bien, de buscar el sitio en la tronera acabar de darle colorido a los tablaos. Es el momento en que los colores, los sonidos más se agudizan.

Es la hora de los sobresaltos, los recortes, las risas.

De vez en cuando todavía vemos cruzar el amarillo limón con su trapo colorao o si miras a la portada una sotana negra de esas que ya no se llevan, pero sí de esa que todo el mundo se acuerda.

De pregonero a pregonero, ¡ánimo en tu recuperación. Don Carmelo!

Y no nos falta por las tardes ese atrevido torero o ese aprendiz de recortador, que con afán y poca cautela envidia los pases del Calina, del Pintao, Platatino, Canuto o cualquier otro. Se dice a sí mismo a modo de convicción -eso, eso lo hago yo- y entre risas y buen susto acaba mordiendo el polvo después de un buen revolcón.

Con el semblante perdido y los nervios a flor de piel , vuelve a su sitio natural: "la esquina de la violetera". Refugio incombustible e insaciable de frexnenses, los de Fuentes, los de Arroyo y de cualquier otro punto geográfico que a veces parece no tener fondo, pues si más vinieran más cabrían.

Y es que cada rincón de la plaza alberga a más gente de la que pudiera, y es que aquí en Segura todo el que viene encuentra su sitio, ya sea en la plaza, el paseo, los tablaos, las portadas, en las calles o de copas en los chiringuitos.

El colofón de un ganadero es el paseo a hombros recogiendo el aplauso.

La capea ha ido bien.

No hay maltrato al ganado.

Se aplaudió a la vaca brava, se aplaudió a la vaca mansa.

Regresan a la dehesa con el deber cumplido, soñando entre faldas y laderas, rastrojos y barrancos, volver otro año más a la Capea, junto a su amo.

Sin tiempo casi a quitamos el polvo que nos dejó la tarde, nos encontramos en la tercera cita importante del día: la verbena.

Llegó el momento de divertirse cada uno a su manera.

Una copa tranquila de velador, unos arrimaos en el paseo, unas tapas de guarrito, unos churros en la madrugá y desde hace unos años visita de chiringuito nocturno a la calle de la Fuente.

Como vemos la noche de Capea da para todos.

No podemos negar que haya surgido una nueva ruta en la diversión nocturna. Esas copas en el Antro, pasando por los de la Breva, los Corchas, los Mosquitos y reuniones de otros amigos al aguardo de una cochera compartiendo un poco de cada uno en estos días y noches de Capeas.

Años atrás la calle de la Fuente era pura esencia, íntimamente ligada a la entrada. Momentos de espera, mozos nerviosos, carreras de vacas...

Ahora esa relación se amplía, se alarga su estancia en ella, pero nunca nos olvidamos de volver al paseo, a la verbena.

Es la grandeza de nuestra fiesta.

Porque grande es el día, grande es la capea.

Recogemos en estos días el fruto de muchos años. Compartimos todo tipo de valores, la amistad, la alegría, el reencuentro, los sentimientos…

Recordamos al que no llegó, porque es ley de vida, aunque esa ley ejerza su poder antes de tiempo. Se dice, "el viejo porque es viejo", y el joven... el joven no se por qué, pero sí nos queda el consuelo y la esperanza de saber que ellos forman parte de una particular Capea en el ruedo de los cielos.

Aromas de Sierra, ganado, pasto, encinar y dehesa; religión, devoción y entrega inundan nuestros sentidos durante estos días, empalagan nuestra mente de recuerdos y avenencias, embarcan nuestro cuerpo en momentos de vacas, carreras, amigos, familia... en un día de Capea.

Pero para los segureños, la Capea no acaba con esa última vaca que sale el último día por la portada, como dije al comenzar el pregón.

A cada uno de nosotros nos quedarán aún por revivir y retomar determinados sucesos en los que en algún momento fuimos protagonistas.

En los próximos meses, tal vez durante un almuerzo, o echando un tabique, en un recreo, en la oficina, pintando una fachada o en cualquier tienda contemos a boca-llena aquel revolcón, de una vaca, las risas en la tronera, una tarde de tablao, las piezas en el paseo, el apretón de la esquina o lo bien que nos lo habíamos pasado.

Mas no hablemos del futuro cuando todavía nos queda por vivir el presente de esta fiesta a la cuál desde este momento damos vida.

Corramos juntos esta noche la entrada a las Capeas.

Nos encontramos en el punto de partida, inicio y salida a seis días y siete noches frenéticos con un guión ya establecido que todos nos sabemos de memoria: gozar, compartir, disfrutar...

¡Subamos el telón de este mágico escenario, y que comience la fiesta!

Segureños, segureñas, os deseo a todos que paséis una Feliz Capea, que entre todos le hagamos un poco más agradable la estancia en nuestro pueblo a los que nos visitan para que se lleven un buen recuerdo de Segura y sus Fiestas y siempre teniendo presente en nuestros actos al Santo Cristo de la Reja.

Muchas gracias, y buenas noches. Felices Capeas.

Domingo Medina Domínguez
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