Segura de León


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Pregón Capeas 2006


D. José Francisco Montero de EspinosaD. José Francisco
Montero de Espinosa

Vaquera Mayor, Zagalas, Sr. Alcalde, autoridades, amigo Fernando y paisanos todos, muy buenas noches:

En primer lugar, quiero aprovechar la ocasión para agradecer a nuestro alcalde y a la corporación municipal el que se me haya brindado, la oportunidad de oro tantas veces deseada, de ser pregonero de nuestras capeas en honor del Santísimo Cristo de la Reja.

A cualquier segureño, de nacimiento o de sentimiento, le llenaría de orgullo y satisfacción el que sus paisanos le encomienden la grata responsabilidad de ser pregonero de nuestras Capeas. En mi caso, a este orgullo y satisfacción, se une una emoción muy personal. Esta viene motivada por el hecho de que tal día como hoy en el año 1966, mi padre pronunciaba el primer pregón de Capeas de nuestro pueblo.

Han pasado 40 años y hoy, como prólogo a este pregón, quiero darle públicamente las gracias por haber transmitido a sus hijos el amor por las Capeas, como un legado, que él recibió de su padre y de su tío Paco y que por supuesto yo estoy intentando transmitir a mis hijos.

Que orgullo más grande, sería para mí, el hecho de que dentro de unos años cualquiera de mis hijos pueda pregonar desde este balcón el inicio de nuestras fiestas; ello significaría que les he sabido transmitir lo único, que a mi juicio, realmente hace falta para poder ser pregonero: un amor infinito a las Capeas.

Ya decía la copla:

Que no se pierdan las costumbres
de mi tierra soberana
que las costumbres son leyes
y las leyes son sagradas.


Cuando empecé a escribir el pregón me hice una sencilla pregunta, a la que estoy seguro encontraría una respuesta muy parecida en todos y cada uno de los que nos encontramos hoy aquí.

¿Qué son para tí las Capeas?

No tuve la más mínima duda en la respuesta: Son un SENTIMIENTO, y digo sentimiento con mayúsculas, porque cualquiera de nosotros sentimos las Capeas en lo más profundo de nuestra alma y nuestro ser.

Al igual que nuestra vecina Andalucía vive todo el año su sentimiento rociero. Nosotros somos segureños, y tenemos la enorme suerte de vivir todo el año esperando a que llegue esa semana de Septiembre, en la que conmemoramos el día de Nuestro Cristo de La Reja y celebramos nuestras ansiadas capeas.

Continuando con los sentimientos y como homenaje muy especial a aquellos que por algún motivo se encuentran lejos de Segura en estos días, me gustaría haceros participes de una experiencia que viví hace unos años y que bien puede ilustrar lo que significan las capeas, como las sentimos los segureños, y muy en especial, aquellos que lamentablemente no puedan estar entre nosotros en estos días.

En el año 2000 solicité vacaciones en la semana de Capeas, estas no me fueron concedidas y tuve que realizar un vuelo a Chile, el día 14 de Septiembre.

Como os podréis imaginar, muchos de mis pensamientos durante esas largas horas de vuelo, fueron inexorablemente a parar a Segura y a las Capeas, en ese nuestro día grande del Santísimo Cristo de la Reja.

Una vez en Chile, a miles de Kms. de distancia, en pleno invierno y rodeado por las nieves de los Andes, ocurrió un hecho que me produjo gran emoción.

Al llegar al hotel, conecté la televisión para ver las noticias de España, cuando me encontré con una gratísima sorpresa. En la pantalla apareció un amigo segureño, José Ignacio Lozano, hablando de Capeas.

TVE internacional estaba emitiendo un programa, sobre Segura y mis añoradas Capeas, con motivo de la declaración de Fiestas de Interés Turístico Regional.

Al finalizar este emotivo reportaje, que casi consideré un regalo del Cristo ante la imposibilidad de estar presente en las capeas, cerré los ojos y me dejé llevar por la mente para hurgar en los sentidos y así me vinieron:

Olores a vaca, tierra y madera que desde la plaza y la “corralá” impregnan todo nuestro pueblo en estos días, o esos otros de las sogas mojadas de los tablaos o el de la tierra de la plaza recién regada.

Sabores a “guarrito” en La Puerta del Sol o en la calle San Roque, a gambas en Manolo Garduño, a buen jamón, a bacalao, a manzanilla, a rebujito y a los añorados piñones de “Señá” Antonia.

Oí, roncos cencerros, el griterío y alborozo que acompaña a la entrada. Oí sevillanas en chiringuitos y bodegas, o ese “a encerrar que se va la tarde” que corea todo el pueblo. También oí los gritos al unísono de los tablaos, troneras y balcones cuando el revolcón es inevitable, los tres golpes en la “corralá”, los aplausos de despedida a cada vaca y como no al ganadero y vaqueros una vez terminada la capea.

Vi, nuestra Tranca “plantá” en su esquina. La explosión de colorido que conforma la entrada, en la que un río humano multicolor viene empujado, por una piara de vacas berrendas y caballos camperos. Esa enseña nacional que conforman la camisa y el trapo de “Canuto”, insigne torero donde los haya. Esa negra sotana torera o esa belleza sin par, aquí presente, de nuestra Vaquera Mayor y Zagalas.

Junto a todas estas sensaciones, afloraron los recuerdos como una película desde mi niñez hasta estos días.

Recordé, como si de hoy mismo se tratara, aquella primera vez, en que siendo niño, entré la capea acompañado por mi padre y con el cuidado y desvelo de “Señó” Juan Manuel Romero, al que desde aquí le mando un cariñoso abrazo. Recordé aquellas siestas de Agosto jugando a las capeas en los doblaos, aquellos pinitos toreros con Ete, Ninín, Juanma, Ventura, Manolo, los Antonios y tantos otros, en las primeras capeas de los niños. Recordé ese “parte” de la capea que cada noche le daba a mi abuela Encarna. Recordé las mañanas embarcando en El Morito, los Habares, Matamoros, o Tinoco, esas primeras copitas de vino que te alegraban el ánimo. Esos enamoramientos de crío y esas primeras noches de Capea sin hora de recogerse. Recordé la presencia en la plaza de vacas legendarias, y la generosidad de los hombres de nuestras dehesas, vaqueros y ganaderos, sin los cuales sería imposible esta tradición. Cómo no rendirles un merecido homenaje, a ellos, para los que estos días de fiesta se tornan en trabajo y responsabilidad

Tras ese buen rato de capeas que pude disfrutar gracias a los recuerdos; sentí que vivimos el presente casi sin darnos cuenta y que valoramos y engrandecemos lo que ya pasó. El pasado, lamentablemente no podemos revivirlo, sino solamente recordarlo, y la alegría del recuerdo la empaña, la añoranza de lo que no volverá.

Por eso desde aquí os invito, y muy especialmente a vosotras: Ana María, Isabel, Carolina, María y Ángela para las que estas capeas sean inolvidables, a que vivamos intensamente todos y cada uno de los momentos que nos esperan y que disfrutemos intensamente de todo cuanto nos va a acontecer en estos siete días:

  • La visita y oración fiel a nuestro Santísimo Cristo de la Reja.
  • El reencuentro anhelado con el que vive lejano.
  • La invitación a una copa alegre en cualquier chiringuito.
  • Las mañanas en la calle La Fuente.
  • La emoción de la entrada.
  • La charla en el hueco compartido de la vieja tronera.
  • Los achuchones en la plaza.
  • Los ratos en la calle del infierno o las noches en el paseo.

Paisanos, como decía el poeta:

Herrar bien vuestros caballos,
ponerles la cincha corta
y afirmarse en los estribos
que ha llegado nuestra hora.

Os deseo Felices Fiestas, muchas gracias y buenas noches.

Jose Francisco Montero de Espinosa Cavanilles
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