Segura de León


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Pregón Capeas 2008


D. Manuel Camacho BellidoD. Manuel Camacho

Segureños y no segureños, amigos todos, muy buenas noches:

Dejadme que le dé las gracias al amigo Fernando por esta presentación tan singular. Siempre parece un tópico, pero es la realidad, creo que no merecía tantísimo elogio.

Cualquiera que te haya oído, pensará que yo estuve en Alcalá y te insinué lo que tenías que escribir de mí y la verdad es que sí estuve en Alcalá pero tú sabes de qué estuvimos hablando. Siempre la llevaré en el recuerdo porque me ha calado hondo. Gracias nuevamente.

Permitidme que en primer lugar os hable de Segura porque lo más importante que ha pasado en mi vida es haber nacido aquí, es ser segureño, por eso os digo que quiero a este pueblo como ningún segureño lo haya querido jamás.

Cuando vivía aquí disfrutaba todos los días de sus calles, de sus plazas, de todos sus rincones, de sus hermosísimas cuestas empinadas buscando el cielo segureño, y sobre todo, de su gente.

Disfruté como nadie de aquel primer paseo que tengo en el recuerdo, aquel del muro “blanqueao” con las dos farolas de hierro y los pies de cantería ¡cuántas tardes de repión tan hermosas! Igualmente de hermosas eran las tardes en la plaza jugando al guás o a piola, desde el poyo favorito de todos los niños, ese poyo que está en la esquina que sale de la plaza al castillo. Parecía que nos tirábamos del muro alto, el poyo mide medio metro.

Lo mismo disfruté de su castillo, donde aprendí a leer y a entonar la primera canción que recuerdo: que salga el solito ¿quién en el mundo puede presumir de haber aprendido a leer en un castillo de la categoría y solera del nuestro como aprendimos muchos niños segureños?

Y de estos portales tan llenos de vida en los años 60. El portal de señá Josefita, el del Ayuntamiento, el de los Mangurrinos y la acera de señó Paco Diez y de Frasquito Casquete. En estos portales y en aquella acera están guardados todos los secretos de la juventud segureña en las noches de lluvia de entonces.

¡Y de sus alrededores! No sabéis segureños cómo disfruté de sus alrededores. De ese Cerro Gordo, con la piedra del tambor, hoy casi en el olvido, de esos paseos por el muladar contemplando aquellos atardeceres rojos y amarillos de los pinales, de los paseos a los molinillos con mi abuela por la bejarana, o por la trinchera, cogiendo tierra amarilla para blanquear la casa del campo, con ese olor a perrunilla y pan caliente que nos invadía desde el horno de los Dominguito cuando íbamos llegando al barranco, de los caminos a Las Vegas y a La Atalaya con Julián Rubiales, auténtico maestro de la vida.

Pero el lugar predilecto de sus alrededores, un lugar que descubrí desde muy pequeño con Frasquito Javier y Pepe Miranda y unos cuantos amigos, que luego se convertiría en el sitio donde se daba cita la juventud segureña que amaba el fútbol, eran los Llanos, auténtico Maracaná Segureño, y en verano cuando lo cubrían las eras, trasladábamos el estadio detrás del Pilar Viejo, capitaneados por Don Manuel Sevilla. ¡Se vivían auténticas finales de copa de Europa con los seminaristas de la época!.

¡Y de sus campos! El sentimiento de amor hacia sus campos es inmenso. El primero en el recuerdo es el Monte de los Conejitos, donde todos los veranos me iba con ellos a los higos. El desayuno de calandracas y de higos sangre toro en la puerta de aquella casa, aún los tengo en el recuerdo. Jamás ningún lugar de veraneo recuerdo con tantísimo cariño.

¡Y El Bujo¡ del que tanto me habló mi madre porque allí vivió cuando era una niña, y Martin Gómez, La Menga, La Lobera, Juanadame, El Veinticuatro, Tinoco,… unos trotados con mi padre para pesar ganado, otros trotados con el incombustible Don Carmelo a ritmo de Periquito el de Pascual, con la talega, el huevo duro, el cacho de queso, el cacho de pan y el cachito de dulce membrillo, en aquellas jiras inolvidables, y otros, trotados con mis amigos como La Gesa, Valdelosdiablos o El Baldío.

También disfruté de su campo por excelencia, el campo de los campos, de ese campo de embrujo que Segura tiene: Ardila. Aquella Ardila religiosa a la que íbamos en camiones el día de La Ascensión, aquella Ardila culta de Antonio Eugenio, aquella Ardila de Pepe Alba y José González de tan gratísimos recuerdos. Esa Ardila bañada por la rivera que lleva su mismo nombre, aquella rivera tan majestuosa, tan señorial, tan enigmática, porque enigmáticos son sus conocidísimos charcos de La Encina y de La Mula, auténticas playas que apagaban el calor de los cuerpos ardientes de los segureños.

Y ahora, cuando vivo lejos de aquí la disfruto con el pensamiento, deseando que lleguen días de descanso para venir a verla porque sigue siendo bonita la mire por donde la mire, desde el puerto Hiito ("Jito"), o el convento o desde la Potrera.

Esa silueta de Castillo, Fátima, Iglesia y Monumento, sobre su silueta, como se le ve en “Por todo lo alto”, la hace ser una acumulación insoportable de belleza, sólo comparable con la belleza viva y natural de sus mujeres. Son guapas por decreto divino.

Hoy en este balcón está una representación de ella. Buenas noches Mónica, Vaquera Mayor y buenas noches zagalas: Alba, Pilar y Esmeralda. Sois y estáis guapísimas, sois como aromas de la sierra que Segura generosa esparce por toda su tierra.

Y a ti Mª Carmen ,aroma especial, ¡cuánto nos gustaría que esta noche estuvieras aquí en este balcón ,ocupando el sitio que te corresponde y disfrutando del momento, que tanta ilusión te hacía! La misma ilusión que tenían tus padres en haberte acompañado esta noche. Seguro que en estos días estarás en nuestros corazones. Un recuerdo para tu padre y un abrazo para toda tu familia.

Yo he tenido la suerte de que las mujeres más importantes en mi vida, mi madre y Mª Rita, mis hijas y mis hermanas sean o se sientan segureñas.

Cuando mi madre se moceaba no existía esto de elegir guapas, que precisamente comenzó en la época de Mª Rita, hace algunos años. Recuerdo aquel Septiembre del 68, cuando por primera vez salió a ese balcón una representación de la belleza segureña: Ramona Montero como Vaquera Mayor, acompañada de Lucía Jaramillo, Isabel Mª Rey, Antonia Chávez y Mª Rita Bernáldez como zagalas. Yo tuve la suerte de casarme después con Mª Rita.

¡Juventud masculina segureña!: mirad al balcón de nuestro Ayuntamiento y fijaros bien lo que hay en nuestro pueblo. Este pueblo hermoso, con fiestas de leyendas.

Diversidad de fiestas y celebraciones pasan por el calendario segureño a lo largo de todo el año, unas más antiguas, como los San Roque o los San Francisco, y otras más modernas como los carnavales, el camino o el día de la tortilla, pero que van tomando arraigo en nuestro pueblo, porque todo lo que hace Segura lo hace con clase, con elegancia con sacrificio y con ganas.

Pero la gran fiesta segureña, la que primero nombra cualquier segureño cuando habla de fiestas, las fiestas que duran una semana, la semana mágica de Segura, se vive en Septiembre y se llaman CAPEAS. Se me ponen los pelos de punta sólo con pronunciar su nombre: CAPEAS. Quizás la palabra con más significado del diccionario segureño. Estas son fiestas de embrujo, de leyenda, antiquísimas, modernas, actuales, populares, sentimentales…Son unas fiestas que se huelen, que se sienten, que se viven, que se cuentan y cuando se huelen, se sienten se viven y se cuentan, se disfrutan.

Las primeras CAPEAS que tengo en el recuerdo, olían a tierra y a soga mojá, a melones de la puerta de ño Paco Diez, a tablas viejas, a Cine Victoria, a jeringos por las noches, a luz apagá y a un olor tan agradable a vaca de la buena que olía a auténtica fiesta.

Los primeros años de CAPEAS, los pasé en un tablao que mi padre hacía con Florentino en la puerta del Bar Centro, hoy Canela. Mi ilusión todas las tardes era coger mi cantimplora verde, de plástico, que llenaba mi madre de agua fresquita de la bodega y me decía:

- “Par tablao, pero no te la bebas toa de un golpe pa que te dure”.

Y claro que me duraba, por no bebérmela rápido se ponía calentorra y cualquiera se bebía aquello.

A los pocos años dejo el tablao y bajo a la plaza, momento histórico en mi vida, y creo yo, que en la de cualquier segureño el día que pisa la plaza por primera vez. El corazón me palpitaba como a Pepe Maya el día que lo cogió la becerra de Eduardo. Aquel día no salí de la tronera en toda la tarde, bueno, ahora tampoco salgo mucho, y el corazón me sigue palpitando cuando veo dentro de la tronera rondar cuernos por allí cerca.

Yo vivía las capeas desde muy temprano. Bajaba a la plaza, me juntaba con la gente, revisábamos troneras, mirábamos tablaos y cogíamos calle La Fuente abajo para asentarnos en los miradores de lujo, auténticos palcos privilegiados aunque a larga distancia para poder observar bien el cerro La Horca, el puerto La Cruz o La Cabecita, porque por allí venían.

Sobre la una y media o las dos, los caminos polvorientos y el gentío nervioso e impaciente comentaba en voz alta lo que veía, lo que se imaginaba o lo que le decían:

- ya vienen ya vienen, Don Paco trae las pías.

- Se han escapao, Ignacio Alba ha ido por ellas.

- yo veo al Pintao, es Menene el que tapa el portillo, el alcalde ha puesto el coche.

- ¡Uff!, si no es por Menene, si no es por el Pintao, si no es por Ignacio Alba…

- Por el Pilarito vienen, por el Pilarito vienen.

Y aquel Pilarito, epicentro de cuernos, caballos, jinetes, garrochas, polvo y gentío, dirigía al huracán enloquecido calle La Fuente arriba para, cogiendo la curva La Botica, esa esquina por la que no pasa nadie, mirar de reojo la calle El Infierno y saludar a su majestad La Tranca, descansar en el corazón del pueblo, su Plaza Mayor.

Tropezones, sudores, jadeos, respiraciones profundas, sentimientos y música inconfundible de Los Hermanos Toronjos.

- ¡Ya han entrao, ya han entrao!.

Cerveza, fino, guarrito, chiringuitos y ¡A encerrar que se va la tarde!

Solamente el pincel de Antonio Casquete es capaz de plasmar en lienzo lo que en esta plaza un día de capeas se siente a las seis de la tarde, cuando el vaquero suelta su honda al aire y el restallido lo desparrama por toda la plaza, y de nuevo el huracán de cuernos arremolinaos vuelve a ponerse en movimiento para desembocar y morir definitivamente en La Corralá.

Y la mejor pasarela del universo se prepara con aroma a tierra mojá para que, una a una, vayan desfilando vacas con auténtico pedigrí y nombre propio ganado en el terreno de juego, como La Pepa, La Jirafa, La Ceniza o La Gacha, por nombrar algunas de las muchísimas que han pasado por esta inconfundible plaza y que están en el recuerdo de cada uno de nosotros, porque seguro que cada uno tiene su preferida, o toros famosísimos como el de Don Paco o el Toro Vinagre.

Y las vacas van desfilando y las anécdotas se suceden y el pueblo de nuevo habla:

- ¿Qué ha pasao? ¿Qué ha pasao?

- “Ná, que la Pepa sa escapao, sa metío en el Bar Centro y ha tenío a Don Pepito más de media hora debajo la mesa billar, y después se ha metío la vaca en el paseo y la que ha liao ha sio chica, a ña Juana le han tirado el puesto y se ha puesto to el paseo lleno de chochos, y a Rafalito Convento lo han pisoteado por las escaleras del Lemo, y luego la vaca ha tenío a Manuel Rey un buen rato en los hastiales de la puerta del casino arremetiéndole y no se le ha movido ni el vino que tenía en la mano, y ya la vaca ha tirado por la calle La Amargura”.

Y el pueblo espontáneo lanza sus palmas al aire para agradecer al ganadero el esfuerzo por hacernos felices. Porque todo este sueño de tablas, maderas, sogas, arena y vacas no sería posible sin la generosidad del ganadero. El ganadero de antes y el de ahora, el ganadero de siempre, los amigos de las capeas, ¡Felicidades por vuestro 25 aniversario!

Voy a nombrar a dos ganaderos en representación de todos, uno porque es un niño todavía, tiene una ilusión enorme, y creo que el futuro de las Capeas pasa por niños como José González Eugenio, y otro, porque de sus labios salió la frase más generosa que nadie haya pronunciado jamás: “Ahí está lo que hay”, salió de los labios de Don Benito Pina. Esta frase de un ganadero diciendo: llevaos todo lo que tengo, disfrutar con ello, pasarlo bien, es la generosidad en persona y Segura de León sabe reconocerlo.

Pero por encima de todo esto está el gran presidente de las Capeas. Cuando el Arquitecto del Universo creó la Tierra dijo:

- Aquí irá Segura de León y tendrán unas fiestas que le llamarán Capeas y las presidirá mi Hijo con el nombre de Cristo de la Reja.

Este sí que es nuestro gran presidente, el que no se ha perdido ninguna, el que estaba con Menene en el portillo, el que todos los años le sigue haciendo el quite a Canuto, al que todos le hemos pedido siempre algo. Hoy no le vamos a pedir nada hoy simplemente le vamos a decir toda Segura al unísono gracias por no habernos abandonado nunca, por estar siempre con nosotros.

Y ahora para terminar, os diré que nunca me pude imaginar que un niño que correteaba por la fábrica del Cumbreño cuando en algunos veranos de los años 60 yo trabajaba allí, sería esta noche el alcalde se Segura, que me ha dado la oportunidad de haberle pregonado a lo más grande que tenemos: Las Capeas, gracias Lorenzo.

Las Capeas, mañana comienzan. ¡Que lo pasemos bien!

¡Viva Segura de León! ¡Vivan Las Capeas! ¡Viva El Cristo de la Reja!

¡Buenas Noches!

Manuel Camacho Bellido
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