Segura de León


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Pregón Capeas 2009


Dña. Leonor Aguilar ChávezDña. Leonor Aguilar Chávez

Vaquera Mayor, Zagalas, Autoridades, segureños, amigos todos. BUENAS NOCHES.

Nos convocan de nuevo, nuestras fiestas, nuestras capeas.

Como cada año, nos encontramos en esta plaza: ante un pueblo que despierta y se transforma lentamente, para celebrar las Fiestas en honor a nuestro Cristo; el Cristo de la Reja.

En primer lugar, quiero dar las gracias a Manolo por sus palabras y elogios en esta noche tan especial para mí. Tú mejor que nadie sabes, cómo se siente un segureño al subirse a este balcón, al que muchos han denominado el balcón de las palabras. Nuevamente, gracias Camacho, por tus ánimos y palabras sinceras hacia mí.

También, quisiera dar las gracias a Lorenzo, por brindarme la oportunidad de pregonar lo más grande que tenemos los segureños: las fiestas en honor al Cristo de La Reja; Nuestras Capeas.

Recuerdo el pasado mes de septiembre cuando me propuso la idea de ser pregonera.

En ese momento se entremezclaron en mí sentimientos contradictorios; por una parte una gran ilusión y alegría y por otra un enorme miedo y sensación de nerviosismo.

Miedo y nervios por no saber si estaría a la altura para realizar el Pregón que Segura se merece, o no saber sustituir con dignidad a los pregoneros y pregoneras que me han antecedido.

Se lo difícil que es lanzar el pregón anunciador de las Capeas, y temo no llegar a todos con mi mensaje. Pero tengo que decir, que me siento premiada, me siento privilegiada y galardonada: porque PREGONAR es PROCLAMAR a los cuatro vientos la vida de un pueblo que quiere en estos días festejar en honor a su Cristo. Ensalzar y magnificar a un pueblo, a sus fiestas, a su gente tan maravillosa.

Una noche, de finales de verano, parecida a ésta, bajo la clara luz de la luna, que se abría camino entre olivares y encinares, caminaba yo hacia lo que parecían ser las casas y luces de un pueblecito asentado entre montes y con una silueta envidiable:

Silueta de Segura, clavada entre dos cerros. Joya valiosa, pequeñita, pero de valor incalculable.

Soñaba al caminar con la belleza inigualable de sus monumentos y de sus calles empinadas, por las que caminan gente sencilla y llana, respirando el suave aroma que desprende.

Soñaba con su castillo: castillo de sueño, castillo majestuoso que luce esplendoroso desde lo lejos. Testigo mudo de lo que ocurre a sus alrededores, velando noche y día por todos los segureños.

Sentía al caminar un olor diferente.

Aroma inconfundible que se respira en Segura en estos días próximos a la Capea.

Olor a madera, arena, tablaos y troneras, que conforman nuestra plaza.

La Plaza; majestuosa plaza la nuestra. Corazón palpitante de Segura. Engalanada para estos días de fiestas con sus mejores galas y joyas.

En su entrada, la tranca, diosa de madera para el reino de nuestra plaza.

Muchos han sido los que la han comparado con plazas tales como las Ventas o la Maestranza, pero nuestra plaza es singular, nuestra plaza es única, porque la construyen los segureños movidos por el entusiasmo de celebrar la fiesta más grande que se vive en nuestra tierra: Las capeas.

Soñaba al caminar con la hermosura, sencillez y gracia de la mujer segureña.

Vaquera Mayor y Zagalas

También vosotras adornáis esta noche nuestra plaza llenándola de aroma fresco y juvenil: Imagino vuestra ilusión, alegría y nerviosismo del momento tan especial que estáis viviendo, puesto que yo también lo pude sentir en el año 98 cuando fui elegida zagala.

Bonita tradición que se mantiene en nuestras fiestas y que comenzó en el año 68, año en el que mi madre tuvo la suerte y el orgullo de representar a la mujer segureña por vez primera en el balcón en el que esta noche os encontráis vosotras.

Es imposible que quepa toda la belleza, la simpatía, la elegancia, la alegría, la juventud radiante, de la vaquera y las zagalas en el espacio de mi pregón.

Por eso, sólo decir que disfrutéis del momento, que seáis felices, que viváis intensamente cada minuto de esta semana grande, sacando lo mejor de cada momento y que siempre, siempre, recordéis estos días y estas Capeas como las mejores.

Pensaba al caminar en la ilusión, el entusiasmo y el sacrificio de los ganaderos.

Ganaderos que ceden de forma desinteresada su ganado para la diversión de todo un pueblo.

Desde aquí, públicamente os felicito a todos por la labor, esfuerzo y sacrificio que realizáis.

Este año, requiere especial mención un ganadero que nos ha dejado recientemente.

Eduardo Casquete merece esta noche un pequeño homenaje.

Todos reconocemos su labor estelar en cuanto a Capeas se refiere.

¡Cuánta devoción y entrega al Cristo de la Reja!

¡Cuántos años cuidando a su ganado para regalarnos un día grande de Capeas!

¡Cuánto tiempo de dedicación a la Asociación de ganaderos Pro Capeas de la cual fue su fundador!

Eduardo ha pasado a la historia de la Capea, no sólo como ganadero sino también como pregonero, cuando en el año 83 con bellas palabras trasmitía sentimientos y emociones que en él despertaba esta semana de Capeas.

En sus conversaciones se le escuchaba decir que tenemos que trasmitir a nuestros nietos el amor hacia nuestro pueblo y sus fiestas; él lo consiguió; sus nietos aman las capeas.

Quédate tranquilo, Eduardo, que todos se lo vamos a trasmitir a las generaciones venideras.

Has dejado una gran huella y siempre recordaremos la frase ya famosa de “al bote, al bote, las Capeas de Bigote”.

Este año también estás presente, no en la terraza de los Jara, no con tu puro, pero si en el balcón presidencial del firmamento, disfrutando de todos los momentos de esta semana mágica que esta noche comienza.

Imaginaba al caminar un día de capeas.

Amanece en el campo y comienza la faena del ganadero y sus amigos jugando a mayorales y vaqueros.

Juntos comparten la fatiga y el cansancio.

La mañana avanza deprisa.

Revuelo de palos y polvarea. Las vacas ya están preparadas para venir a la plaza.

La capea se pone en marcha, avanzando lentamente hacia Segura. El castillo ya las divisa desde lo lejos.

Ya están en el pilarito. Llegan al embarcadero.

Allí todo está preparado; garrochas, vaqueros y caballos, ganaderos, y aficionados.

Cuernos que se arremolinan a su llegada.

La calle La Fuente comienza a ponerse nerviosa. ¡Ya están en el pilarito! ¡Ya vienen!

La esquina la botica rebosa de emoción y alegría. Todos saltan, cantan, bailan; todos impulsados por una mezcla de valor y de miedo.

Los más valientes, los más rezagados, los que corren los primeros, los que esperan a ir de los últimos. Todos harán más bella la entrada.

En la calle La Fuente se aparta una vaca brava, que despunte, que llene de emoción la entrada.

Las vacas aprietan la carrera. Los más impacientes corren, los más valientes esperan.

Momento de empujones, caídas y subidas a las rejas. Ya están en la esquina. Ya empiezan las carreras por el callejón interminable. Embudo que conduce la ilusión y emoción hacia la meta deseada, la plaza.

El corazón se acelera. La gente corre a meterse en las troneras.

La capea está en la plaza. Sin duda, el momento más vibrante de entusiasmo.

Monumental aplauso para las vacas que han entrado, para los jinetes, para los caballos, para el ganadero.

Pero, dejemos al ganado tranquilo. Llega la hora del encuentro con los amigos. Unas copas en los chiringuitos.

Apenas media hora antes de las seis, la plaza vuelve a lucir alegre, llena de colores.

Nos vamos colocando, cada uno en nuestro lugar. En el lugar de siempre y con la misma ilusión.

Por fin las seis campanadas suenan, ganaderos y vaqueros comienzan a encerrar.

Remolino de vacas, polvarea que nubla nuestra mirada.

La vaca brava despunta, se arranca, y rompe la espiral del medio de la plaza.

Todas la siguen.

Ya descansan en la corralá esperando a que el palo golpee la tabla anunciando, con lenguaje original, que la primera vaca de la tarde va a salir a la plaza.

Es el momento de resaltar la valentía de los toreros. Ellos no llevan ni muletas ni capotes, tampoco les hace falta. Torean a cuerpo limpio y sólo el Cristo de la Reja le sale al quite en momentos de mayor dificultad.

La valentía de algunos, que recuerdo desde que era chica y que aún siguen en la plaza cada tarde; canuto, platanito, Antonio el madrileño,…

Y otros más de mi generación, Antoñito Maya, Santi, el kalina, Gordillo, Paco Díaz, y cómo no, mencionar a los hermanos Pintaos.

La última vaca sale por la portá.

El ganadero triunfante, se pasea subido a hombros de sus amigos, recibiendo un caluroso y tendido aplauso en reconocimiento a su sacrificio y entrega.

Desde aquí, quiero desearle a nuestro paisano y ganadero José Mª Agudo una pronta recuperación, y que pueda estar lo antes posible entre todos nosotros.

Pido un cariñoso aplauso para él.

Sentía al caminar la ilusión que se despierta en nuestros mayores cuando van llegando las fiestas.

Sus corazones están rebosantes de alegría.

¡Cuántos siguen acudiendo fielmente a su cita con la Capea.!

Dejan a un lado la tristeza, la enfermedad y su soledad y comparten con nosotros cada momento de las fiestas.

Aprendamos de ellos; son fuente de sabiduría en temas de capeas, pues ya han vivido muchas.

¿Cuántas historias brotan de sus gargantas cansadas acerca de Menene o Benito Pina?

¿Cuántas veces han recordado la bravura de La Artillera, La Pepa, La Ceniza e incluso de La Gacha?, de la cual tengo imágenes en mi recuerdo de cuando aún era una niña.

Hagámosle un sitio para que sigan disfrutando de más capeas y poder guardarlas en sus recuerdos.

Soñaba al caminar con todos los segureños, que por motivos diferentes se encuentran lejos de nuestro pueblo.

¡Cuánta tristeza expresan sus miradas!

Sus ojos están clavados en la imagen consoladora del Cristo de la Reja, añorando los días próximos de fiesta, su gente, su pueblo, sus raíces,…recordando con tristeza la noche de la tranca, y la del pregón, y los seis días de fiesta.

Sentía al caminar la devoción de todos los segureños hacia el Cristo de la Reja.

Cristo Segureño, Cristo torero. A primera hora de cada tarde, ÉL coge su capote y se mezcla entre la gente.

Nadie lo ve, pasa desapercibido, como uno más en la plaza.

Pero, cuando las piernas no responden en la carrera, cuando la tronera está más lejos de lo que parece, cuando el recorte no ha salido bien,….se produce un increíble quite.

La plaza entera grita “Que poco le ha faltado” y el Cristo sonríe con mirada de cómplice.

Cuando termina la tarde, satisfecho con su labor, se dirige tranquilamente hacia su ermita.

Es el momento de recordar a aquellos que ya no se encuentran entre nosotros, aquellos segureños que también disfrutaron de estas fiestas. Todos ellos participan esta noche de este pregón y del inicio de nuestras capeas.

Segureños, segureñas esta noche no soñemos, no imaginemos, no pensemos, porque estamos en Segura, porque es noche de pregón y comienzan las Capeas.

Seamos solidarios con los que vienen de fuera y nos acompañan estos días; que vuelvan a su tierra con un buen sabor de boca, pregonando abiertamente la generosidad de todo un pueblo.

Y al final, cuando la última vaca salga por la portá, cuando los tablaos y troneras comiencen a tambalearse, cuando la Capea toque a su fin, soñaremos cómo habrá de ser el próximo año, y mientras en el otoño, sobre la cabina del tractor, en la oficina, en la cocina, en un andamio, en el colegio,…sonreiremos al recordar aquella vaca que hizo la entrada, las tardes de tablaos, aquel empujón en la tronera, las noches de chiringuitos con los amigos, la verbena en el paseo,…

Será también el recuerdo para los días de invierno, cuando nos invada el recuerdo de nuestro pueblo, de nuestra gente, de las tardes de capeas, del olor a guarrito, a bacalao guisao, y tendrá que ser en esos momentos de soledad en los que dejemos que la nostalgia y el orgullo de ser segureños nos invada y nos ciegue por un momento, una niebla de extraña felicidad, esa que nos da el tener un pueblo, el tener y ser de Segura de León.

DISFRUTEMOS Y QUE QUEDEN PARA EL RECUERDO LOS DÍAS DE FIESTAS QUE AHORA COMIENZAN.

FELICES FIESTAS Y BUENAS NOCHES.

Leonor Mª Aguilar Chávez

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