Segura de León


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Pregón Capeas 2011


Buenas noches:

D. Antonio Aradillas GonzálezD. Antonio Aradillas González

Vaquera mayor, zagalas, señor alcalde, corporación municipal, autoridades, vecinos y vecinas de Segura de León, visitantes que os habéis acercado a este pueblo para compartir con sus gentes, unos días de alegría y diversión: gracias en primer lugar por estar aquí y también por acudir a esta apertura formal de las Capeas, que es el pregón.

Veo entre vosotros muchos rostros conocidos y queridos y, aunque solo sea por esta oportunidad de reencontrarnos, vale la pena en este año 2011, ser el pregonero de las fiestas del Cristo de la Reja.

Gracias Lorenzo por brindarme esta oportunidad. Es un honor para mí estar aquí. Él único mérito por mi parte, que puede justificar mi presencia en este balcón, es el amor y la pasión que siento por mi pueblo.

Te agradezco, José Ramón, tus palabras tan emotivas y llenas de cariño hacia mi persona.

Pensaba en el silencio de las noches qué contaros y cómo escribir el pregón. Yo quería que mi pregón saliera del corazón, porque en él llevo a mi pueblo. Tenía dudas de cómo llamarle, si él pregón de los sentimientos o de los recuerdos, y por fin opté por este último.

Soy segureño, ¡de Segura de León!, un pueblo de cuestas y repechos, por el que asoman los campanarios y al que corona el Castillo, guardián omnipresente de todos los segureños. Qué grande es sentirse de Segura. Qué orgullo haber nacido en un pueblo en el que sentir las raíces. Allá por donde voy presumo de mi pueblo, de las Capeas y de nuestro Cristo de la Reja.

Quiero ser pregonero, no solo en estos momentos. Siempre mi pueblo está presente donde he estado y con la gente que he convivido. De su clima, olivares y encinas, no voy a decir nada que vosotros no sepáis y que no se haya dicho en pregones de años anteriores.

Pasé mi infancia en Segura. Era una Segura, hermosa y honrada, de familias completas. Después, la emigración nos separó. Era la Segura de la escuela de Doña Ángela Garduño y de Don José Maya, de los días en Gigonza con mis hermanos, en pantalón corto y tirantes en las tardes de trilla y de parvas, con calor sofocante, deseando que llegara septiembre, para soñar con maderos y tablas y ayudar al tío Agustín Romero a hacer el "tablao", en la esquina de la calle Capitán Navarrete, hoy Maestro Don Jacinto.

Recuerdo cuando jugábamos en esta plaza al repión, boliches, escondite y cinturón. Los más mayores hacían filas con Isidro en la "escopeta de la corcha", al que muchos de los que estamos aquí recordamos, al igual que a "señá" Juana con su puesto de pipas, "Curro" con sus barquillos y "Periquín" con su espuerta de piñones y su "lata" de medida.

Recuerdo cuando jugábamos a las Capeas. Hacíamos nuestra "entrada", nos encerrábamos en la "corralá" y, a continuación, nos toreábamos. Casi siempre había alguna cogida. El vaquero, cómo no, era el recordado Leonardo.

Segura en el recuerdo, que ha sido de aquellos pastores, mayorales y vaqueros, apenas han pasado unos años y estamos hablando de un mundo casi perdido. Un tiempo, donde todo hay que decirlo, con profundas diferencias sociales, pero bien es cierto que dominado por la alegría y la armonía y en el que se precisaba menos para vivir, pero también para estar alegres y satisfechos, que al fin es de lo que se trata.

Recuerdo las varas de las capeas, casi siempre de olivos, talladas como auténticas obras de arte. En la carpintería de Juanito, con la navajilla que nos habían echado los "Reyes" el año anterior, porque no había para más.

Recuerdos de niñez, añoranzas de vaqueros y vacas que, con el paso de los años, fueron llevando lo más bonito de estas Capeas a lo más alto. Recuerdos que nos traen a la memoria nombres que tenemos olvidados durante el resto del año:

Vaqueros como JUAN MANUEL, "MENENE", JESÚS y otros muchos. En honor a todos ellos digo:

¡Que no se pierda esta raza
que lleva traje campero
sigan por las veredas
nuestros jóvenes vaqueros!

¡Que no se muera esta raza
de nuestros viejos vaqueros
que no tenga que llorarlos!
¡Que me muera yo primero!

Vacas que han pasado a formar parte de la historia de las Capeas, como "Franciscana" "Centella", "Zagala", "Jorea", "Gacha", aquellas vacas que hicieron las delicias de mayores y pequeños y protagonizaron también sustos de importancia en soportales y troneras. Pero el recuerdo más grande de vacas, para los niños de los años sesenta, fue la "ceniza" de Manuel Rey. Los más mayores, recordamos la entrada que hizo por la calle "Maestro don Jacinto" una entrada por el muladar. Y como entraron en la plaza, se escaparon por la Calle de la Fuente.

Recuerdo las Capeas de Benito Pina con su escudero Leonardo. Vacas que hacían su entrada por la "trinchera" y la "Calle de la China", porque él posiblemente quería que entraran por allí, para que las viera su mujer, y le dijera "ahí está lo que hay".

Todos recordamos las dehesas segureñas donde pastan las ganaderías que se torean en esta plaza, desde Las Dehesillas hasta Aguilar, pasando por Gigonza, en los aledaños del Rio Ardila. Por cierto que un indicador en la carretera de Fuente de Cantos más o menos oficialmente nos dice ahora que es "Arroyo", como si pretendieran quitarle parte de su señorío.

Aprovecho esta ocasión para rendir homenaje y tributo a los ganaderos de Segura, y muy especial a dos de ellos, que nos dejaron recientemente, José Francisco, como primer pregonero y José González al que me unía un lazo familiar. ¡Cuantos días pasamos juntos en aquellos Gigonzas, hablando de Capeas, con ese humor que le caracterizaba! Desde aquí un meritorio y emotivo recuerdo para ellos.

Ganaderos, auténticos motores de estas fiestas, que con su esfuerzo, consiguen superar las circunstancias desfavorables con las que se enfrentan día a día, facilitando su ganado, pese a las condiciones de una tierra dura y olvidada como pocas. Por todo esto pido un fuerte aplauso para su Asociación de Ganaderos.

Nacieron los chiringuitos con nombres originales como los "Treinta y Tantos", "Corchas", "Burrancos", "Chinchetas", y "Mosquitos". Otros sin nombre y otros que no recuerdo. Fue un cambio importante para las Capeas. Mi pandilla tuvo un chiringuito ambulante en la furgoneta de Vicente. Recuerdo que íbamos a Fregenal por las barras de hielo a la fábrica que había en la calle Herrería. El frigorífico era una lavadora que nos había dejado la madre de Puri, de aquellas que se cargaban por arriba. Fue una forma de unir más a los amigos y familias, en torno a una mesa, con una copa y, como no, comentando anécdotas de las Capeas.

En los años setenta, yo mismo y casi todos mis amigos, como Antonio Pérez, en nuestro recuerdo, Fernando Chiripa, Ignacio Monarco, Vicente "el de la Vela" y otros muchos, tuvimos que emigrar. Aquí solo se quedaron entre otros "Kiko el Carpintero", Vicente Romero y "Monterino".

Eran épocas de Telefónica, Correos, fábricas en Madrid, Sevilla y Barcelona. Otros muchos a Alemania. Ser joven nunca ha sido fácil en esta tierra, ni en esta época, ni en ninguna otra. Pero ¡atentos, jóvenes!, porque dicen los entendidos que las nuevas generaciones están hoy poco motivadas. No lo tenéis tan fácil como parece. Puedo asegurar no obstante que la juventud de Segura es fuerte, honrada y trabajadora, Que nadie os cambie ni os engañe. Tened en cuenta que lo que importa verdaderamente en la vida no son solo los objetivos que nos marcamos, sino los caminos de los que hacemos uso para lograrlos. Seguiremos haciendo un pueblo solidario y preocupado por un futuro mejor. Vosotros los jóvenes tenéis la antorcha para iluminar el camino y la vida para construirlo y peregrinar por él. Sé que lo vais a hacer muy bien.

¡Jóvenes representadas en este balcón por estas bonitas mujeres extremeñas!

Lourdes, Beatriz, Marina, Sonia e Irene, Vaquera Mayor y Zagalas, autenticas bellezas segureñas. Estos días serán para vosotras de alegría y satisfacción. Siempre recordareis estos momentos, como unos de los más emocionantes qué vais a vivir.

Aunque yo me enamoré fuera, he tenido mucha suerte con mi compañera. Gracias Carmen, por ser una segureña más, querer tanto a mi pueblo, no permitir que nos alejáramos del él y hacer sentir a nuestros hijos ese amor por Segura, aunque a veces me digas, "te lo dije", "te lo dije", "te lo dije".

Con el despertar de septiembre, Segura abre sus puertas y corazones a las gentes que vienen dispuestas a todo, a pasar sus vacaciones, y a disfrutar de las Capeas. En una palabra, a gozar de unos días inolvidables. En estas fechas las familias crecen, se multiplican con parientes y amigos. Dad la bienvenida a todos. Ya habrá tiempo de volver a la fábrica, a la oficina, o al colegio. Que corran las tapas de "guarrito", el bacalao y el vino que una vez al año, o más, no hace daño.

En estos momentos de alegrías tengamos presentes a todos aquellos segureños que en la cercanía, o en la distancia, no podrán disfrutar de estas fiestas del Cristo de la Reja, aunque con sus corazones y sus pensamientos se hallarán estos días entre nosotros.

Ahora, el recuerdo al verdadero Segureño, con su manto torero, haciendo quites a todo aquel que lo necesita. ¡Cuántas tardes y cuantas veces nos acordamos de tí, Cristo de la Reja! ¡Siempre te llevamos en nuestras mentes y en nuestros corazones! Yo creo que no hay un segureño que venga a Segura y no vaya a contarte las alegrías y las penas del transcurrir de su vida.

Esta noche Segura está de fiesta que compartiremos todos. Seamos felices, porque tenemos la suerte de vivir en un pueblo repleto de buena gente, siempre cercana, grata y campechana.

En estos días, acercar y acoger a cuantos vengan. Decir a los que lo hagan por primera vez cómo son las Capeas, el porqué de los "tablaos" y troneras y enseñarles el camino hasta nuestro Cristo de la Reja.

Buenas noches y Felices Capeas

Antonio Aradillas González.

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